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Otro milagro


La comunidad internacional está boquiabierta. 

Las imágenes que han dado vuelta al mundo entero, en las que decenas de miles de mexicanos se volcaron a las calles para ayudar a otros mexicanos en desgracia son no sólo sorprendentes sino por demás alentadoras.

Alentadoras porque a los ojos de quienes pudieron contrastar la gran devastación con la avasalladora solidaridad, los mexicanos podríamos tener “el mejor país del mundo”. Las muestras de empatía, voluntad de ayudar al prójimo, desprendimiento y sobre todo movilización voluntaria fueron notorias para muchos, que hablaron encomiando a una sociedad que ante el duro golpe, buscó aun con más fuerza salvarse a sí misma y reconstruirse desde el primer minuto. 

Si bien las labores de reconstrucción y restitución no están ni aún lejos de terminar y falta mucho para sacar de la tragedia a decenas de miles de mexicanos que aún miran hacia los lados atónitos sin tener un rumbo fijo a dónde dirigirse en búsqueda de un destino definido, es un hecho que desde la primera hora después del terremoto fuimos testigos de un milagro: miles de personas se sacudieron el polvo para sacar a otros de entre los escombros, los demás se avocaron a donar, acopiar, enviar, recibir, organizar y cooperar para que las labores fueran lo más ágiles y efectivas posibles desde los alcances y limitaciones que un voluntariado espontáneo puede alcanzar.

Fue un verdadero milagro.

Y lo fue porque a pesar de que no faltaron los rapiñeros, ladrones y aprovechados, fueron muchos más los que mostraron que la voluntad del mexicano es inquebrantable y que sabe sacar la casta en el momento más difícil, y aún sin saber el nombre de su vecino, del compañero o del paisano, el motor fue el mismo: ayudar.

Ahora necesitamos otro milagro.

No basta con que los partidos políticos hoy hayan entrado al juego del regateo electoral, y se estén subastando las voluntades políticas del pueblo a fin de obtener un rédito en las urnas; no basta con tratar de resolver el problema y usar los recursos públicos como una “inversión a largo plazo” y limitarnos a que la ayuda sea simplemente a base de billetes y monedas.

Hoy México necesita otro milagro: uno que sólo puede ser posible cuando presidentes, gobernadores, servidores públicos, autoridades, delegados, secretarios, funcionarios, inspectores y demás figuras que forman el aparato político-gubernamental dejen de simular. 

Se trata del milagro de dejar de comerse a México a mordidas. 
Literalmente. 

Se necesita la misma voluntad de aquellos que movieron escombros, que se metieron entre ellos, que acarrearon víveres y herramientas; se necesita esa voluntad en los círculos más altos, en las dependencias, en las secretarías, en las patrullas, en los recintos legislativos y en todos lados para tratar de rescatar a los que también están atrapados con vida entre los escombros de un país que se ha derrumbado ante un terremoto de corrupción, indiferencia, negligencia y nepotismo. Es urgente sacar a México del escombro moral, anímico y existencial en el que se encuentra hoy, en un sismo que lo ha venido estremeciendo por muchas décadas.

Hoy es día de tomar el ejemplo de esos valientes mexicanos que salieron a la calle desde el minuto uno, que aún sacudían la cabeza todavía sin saber qué había pasado pero con la convicción inmediata de ayudar a quien estaba en necesidad, aún sin siquiera saber su nombre.

Pero para eso, se necesita otro milagro, ese que replique la convicción que México mostró en las calles, y traducirlo en realidades de gobierno, administración, planeación, honestidad, transparencia y rendición de cuentas. No sólo en spots e informes prefabricados, sino en el vivir, las costumbres y el modo de vida de aquellos que hoy, sólo han mostrado buscan el poder para obtener carretadas de dinero y poder.
Necesitamos otro milagro.

Orson Ge
Twitter: @orsonjpg

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