miércoles, 29 de noviembre de 2017

El poder de cada voto


El tema de la semana ha sido sin duda el "destape" muy al estilo PRI de José Antonio Meade como precandidato de ese partido en la búsqueda de la presidencia de la república.

El movimiento estratégico por parte del partido tricolor no es en lo aboluto malo, sino todo lo contrario. 

Poco a poco veremos como suspirantes se desmarcan uno a uno para dejar a Meade sólo en el camino, como ya lo han hecho la gran mayoría, como es la costumbre de ese partido.

En términos prácticos, la boleta está prácticamente configurada, salvo los independientes -que ya veremos con qué recurso los hacen entrar de último minuto- y dos o tres alianzas que se cocinarán en el camino, que muy seguramente involucrarán al PRI, al Verde y PaNAl.

La devaluación de la marca PRI es un hecho consumado e indiscutible, razón que fortalece aún más que la figura de José Antonio Meade, con un origen apartidista, y proveniente de la administración de Felipe Calderón, figure como un candidato serio cual no se ha postulado en elecciones anteriores recientes, respaldado más que por colores o una institución política, por un trabajo sólido, discreto y con buenos resultados.

Meade ha pasado por cuatro secretarías de Estado -Relaciones Exteriores, Energía,  Desarrollo Social y Hacienda- siendo esta última uno de sus papeles más destacados, ya que no sólo la dirigió por segunda ocasión, sino fue prácticamente el buen desempeño del paquete económico 2017 el que propició que las expectativas de crecimiento del PIB de nuestro país pasaran de una proyección de 1.9% a un desempeño real de 2.4%

Un fenómeno electoral que se da en todo el mundo es el pagar la cuota de impopularidad de representar al régimen en turno. Por supuesto, Meade Kuribreña pagará un alto precio dentro del electorado indeciso por intentar llegar a Los Pinos abanderando al PRI, sin embargo, no existía manera de que pudiera representar a algún otro instituto político con posibilidades reales. Especialmente de cara a un Frente Ciudadano que se desdibuja al paso de los días, y la muy escasa factibilidad de acceder a la instancia presidencial desde la vía independiente. 

Este era el momento de Meade, y tenía que tomarlo. El efecto de su paso por los distintos cargos que ha aceptado lo evidencían como la otra cara de la moneda del típico "Chapulín" que llega a cargos de elección popular con una serie de designaciones chacoteras y nepotistas. Pocos podían aspirar a representar la centro-derecha con una trayectoria reconocida y real. Pareciera que no pudo llegar en mejor momento para hacer frente a una fortalecida izquierda que tras estar en campaña por 18 años parecía finalmente ir "por la libre" a la silla presidencial y que hoy tiene por lo menos un obstáculo en su carrera a Los Pinos.

Vendrá el momento en que los indecisos tendrán que considerar el tradicional "voto útil" si es que no simpatizan con la propuesta de la izquierda. La realidad es que apenas 24 horas después del "destape", Meade ya figuraba como segundo en las intenciones de voto, sólo por detrás de López Obrador, pero muy por encima de Ricardo Anaya, Margarita Zavala y Miguel Angel Mancera, incluso superando la suma de estos tres últimos.

El electorado tendrá que ser muy fino en su decisión. Vimos en las pasadas 2 elecciones la búsqueda de una figura mayor a la de su propio partido, en aras de votar con certeza y certidumbre de un proyecto con el que se pudieran identificar. Hoy esta mencionada fortaleza sólo la cumplen dos candidatos: el que quedará por MORENA y el que quedará por el PRI.

Nunca antes se vio más claro el poder de cada voto.

Twitter: @Orsonjpg




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