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La absurda paradoja


Otra vez en los Estados Unidos, otra vez con un arma automática, otra vez un ciudadano americano, con pasaporte americano, con rasgos americanos y sin connotaciones religiosas.
Sin embargo, con todo ello, el acto ha sido catalogado como terrorismo, y como una legitimación para la portación de armas de fuego en los Estados Unidos por la propia cabeza de aquél país.

El domingo pasado por la mañana, Devin Kelley decidió ingresar a una iglesia bautista del condado de Sutherland Springs para abrir fuego contra todos los miembros que se encontraban dentro del recinto en ese momento, asesinando a por lo menos 26 de los ahí presentes, presuntamente por una diferencia con su suegra, quien asistía a esa comunidad con regularidad, y quien supuso estaría ahí para ser víctima del ataque.

Kelley, habiendo formado parte de la fuerza aérea de su país y con antecedentes de maltrato familiar a su esposa, pasó un año en prisión militar por este motivo y tenía antecedentes penales por maltrato animal.

En su cuenta de Facebook, Devin Kelley alardeaba acerca del arma con la que realizaría el ataque el pasado domingo, y sostenía discusiones de carácter anti-religioso con sus contactos.

Lo que nos lleva a pensar, ¿no existe un filtro, un perfil, un parámetro que se deba cumplir para poseer un arma de fuego no sólo en los Estados Unidos, sino en cualquier parte del mundo?

Sin embargo, Kelley no tuvo reparos ni obstáculos para tomar su arma y disparar contra toda una comunidad, en la que la mayoría eran niños y una mujer embarazada, con los resultados catastróficos que hemos visto en diversos medios. Su ataque, fue repelido por un vecino llamado Stephen Willeford que al escuchar los disparos, literalmente respondió “fuego con fuego”, hiriendo de muerte al asesino, quien se quitó la vida intentando escapar.

Fue precisamente este acto de contraataque el que ahora encendió la discusión acerca de la portación de armas de fuego, ya que quienes defienden este derecho, sostienen que si Willeford no hubiera tenido un arma, el asesino habría escapado impune del lugar.

Pero, ¿por qué no irnos más atrás? Pensar que si Kelley no hubiera tenido acceso a un arma automática de este tipo de poder, hoy no estaríamos contando esta triste historia.

El establecimiento de un perfil mediante el que algunas personas puedan ganar o perder el derecho a portar armas ahorraría muchas discusiones, pero sobre todo muchos problemas y tristezas a una comunidad que tratando de defenderse, cada día se hace más daño.

Sin embargo, hoy, después de tantas tragedias, aún estamos envueltos en la absurda paradoja.


Twitter: @orsonjpg