miércoles, 14 de marzo de 2018

El espejismo de las encuestas

No existe una sola encuesta que no otorgue a Andrés Manuel López Obrador una ventaja de por lo menos 15 puntos sobre su más cercano perseguidor, que por lo general es Ricardo Anaya.



Este argumento para algunos da por hecho que el tabasqueño será el próximo presidente: a eso podemos llamar "el espejismo de las encuestas".

No debemos olvidar la última elección en los Estados Unidos, en la que las encuestas otorgaban un virtual triunfo a la demócrata Hillary Clinton que aventajaba a Donald Trump por hasta 6 puntos, con un estimado de intención de voto de 47.2 según Real Clear Politics, cifras muy parecidas a las obtenidas pos CBS News, Bloomberg y el Washington Post.

El resultado ya lo conocen...

Sin embargo, el sistema electoral de nuestro país es sumamente diferente al del vecino del norte, eso es verdad, y precisamente ahí se abre el abanico de posibilidades por el que las elecciones de 2018 en México aún no pueden ser adjudicadas a cualquiera de los contendientes. Especialmente porque las campañas aún no han iniciado siquiera.

En un escenario como el de los norteamericanos, donde por lo regular se presentan dos candidatos con las preferencias mayoritarias y un tercero con muy bajas métricas, la elección se parte en dos. Situación ideal para los estudios y encuestas, que buscan encontrar la tendencia con la que el electorado pretende ejercer su voto. Resultó por demás curioso que a pesar de que las encuestas señalaban mayormente a Clinton como la que acumulaba mayores simpatías, terminó perdiendo la elección.

Esto se debe al sistema de colegios electorales, algo muy platicado hasta el día de hoy, sin embargo, otro fenómeno salió a la luz un poco después de la elección: algunas personas admitieron haber ocultado sus preferencias por Donald Trump hasta tener la boleta en sus manos.

Hoy por hoy la marca PRI pesa demasiado, resulta prácticamente imposible de cargar más allá del voto duro; Meade lo sabía bien y hasta ahora no ha podido revertir el efecto en una campaña bastante descafeinada, falta de color y que ya está necesitando de un milagro. Por el otro lado, el voto panista está dividido, no sólo entre la base del blanquiazul y una Margarita Zavala que ya ha registrado doble dígito, sino entre quienes también han emigrado a Movimiento Ciudadano.

Ninguna elección es un concurso de popularidad, sino un reflejo de las proyecciones del electorado en un determinado contendiente, aderezado con filias políticas, negociaciones grupales y algunos otros elementos más que definen el resultado final. Hoy es tan sólo natural, ante la ausencia de plataforma política manifiesta, que Andrés Manuel, después de 12 años en campaña, sea el más conocido y por ende esté al frente de las encuestas.

Sin embargo ese efecto podría disminuirse en dos vías: 

- El porcentaje de AMLO ha registrado picos que alcanzan apenas los 40 puntos. Esto quiere decir que la división de su voto adverso alcanza hasta el 60% de los votantes; cosa que no debe pasarse por alto, especialmente con la polarización que genera el tabasqueño, en su propio discurso y en un efecto obvio en grupos de personas que están dispuestas a votar por la segunda opción más fuerte al cierre de campaña con tal de que López Obrador no sea presidente. 

- Históricamente, el líder de Morena tiende a desdibujarse en el momento de las propuestas, los debates y el intercambio de ideas, así sucedió las dos elecciones anteriores. Un discurso de "paz y amor" aún con el humor que mostró en las precampañas no serán elementos suficientes para convencer a una zona gris necesaria para ganar la contienda, por lo que aunque no quiera, tendrá que entrar al terreno de la argumentación, que no es su fuerte, para incrementar esa ventaja que le asegure el triunfo. López Obrador tendrá que hacer algo distinto a lo realizado en las dos elecciones anteriores, especialmente su primera, donde negarse a asistir a los debates prácticamente le costó la elección. 


De igual manera tendrá que evitar los arranques que lo han llevado a incluso proclamarse "presidente legítimo" del país, que por suerte para él nadie le tomó en serio, de lo contrario sería un gran argumento para no dejarlo contender. 

Se ve muy complicado que Andrés Manuel caiga del primer lugar en las encuestas, incluso hasta el momento en que se lleven a cabo las elecciones, sin embargo, no debe tomarse este elemento como un argumento definitivo de que el de Tabasco sea necesariamente el próximo presidente... encuestas vemos, electores no sabemos.

Twitter: @Orsonjpg


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