jueves, 22 de marzo de 2018

México: el país condenado a la eterna desgracia

A medida que se acerca la muy sufrida época de campañas, las discusiones no han girado más allá de las descalificaciones a las que se hacen merecedores los distintos candidatos, a manera de argumentos por los cuales no deberían llegar a la silla presidencial, en la opinión de quienes las achacan.



Ante lo que me surge la siguiente pregunta: ¿Y si nos tuviéramos que descalificar como ciudadanos?

Es una tristeza confirmar día con día que conceptos tan sencillos como el de la propiedad ajena ya no nos interesan -hablando de manera colectiva, sí, donde los pocos justos pagan por los muchos pecadores-. El respeto al bienestar, al derecho y a la propiedad de los demás poco le importan a una gran cantidad de mexicanos que aunque sea una botella de refresco, unos tenis, un teléfono, una pantalla, la energía eléctrica, un auto, o cualquier otra cosa, muchos son capaces de hurtar, despojar o violentar bajo premisas de pensamiento muy endebles o simplemente por inercia.

Se trata de quitarle a alguien una propiedad por la que trabajó, se esforzó o incluso se pudo abstener de otras cosas a fin de conseguirla, sin importar el monto. Robar es un acto que no sólo arrebata un bien material -esos que dicen que van y vienen, pero que cada día cuesta más conseguir- sino que además deja secuelas terribles de instatisfacción, inseguridad y temor en la víctima.

¿Cómo es que buscamos políticos, funcionarios, servidores honestos si como sociedad somos incapaces de serlo? ¿De dónde van a salir los gobernantes limpios si desde lo más elemental no sabemos como sociedad ajustarnos a nuestros propios alcances y recurrimos al robo y al delito como alternativa que encima después se busca "justificar" argumentando pobremente que "se recupera un poco de lo mucho que les quitan"?

¿No nos damos cuenta que estamos acabando con nosotros mismos?

Mexicanos matando mexicanos.
Mexicanos violentando mexicanos.
Mexicanos robando mexicanos.

Es por esta razón que muchos vivimos con miedo, por eso nos encontramos permanentemente a la defensiva, por eso ya no podemos estar en paz, por eso nos estamos consumiendo a nosotros mismos como una colilla tirada en el asfalto.

Lo peor: quienes se dedican al mal cada vez son más listos, creativos y dedicados para romper, burlar o simplemente neutralizar las defensas de quienes buscan resguardar lo que con tanto trabajo han conseguido.

Pero nosotros como sociedad no ayudamos, queremos que la autoridad haga consideraciones especiales cuando se trata de nosotros, cuando se viola la ley "nomás poquito". Justificando un robo de menor monto "porque aquél roba mucho más, a él agárrelo... a ver".

Para serle franco, estoy harto de escuchar mexicanos que quieren ser la excepción de la regla. Todo lo que está fuera de la norma debe ser sancionado: las reglas son tanto para el burro del compadre, como para el propio.

Si no cambiamos de pensamiento, de actitud, de valores, ni todos los presidentes del mundo le podrán cambiar el rumbo a nuestro país, y hacemos de México el país condenado a la eterna desgracia por voluntad de sus propios ciudadanos.

En medio de esta cultura del agandalle nos estamos autoconsumiendo y a nadie parece importarle.

Twitter: @Orsonjpg

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