martes, 22 de mayo de 2018

Candidatos y segundo debate: crecen las interrogantes.

El segundo debate presidencial, llevado a cabo el pasado domingo en Tijuana, termina dejando más preguntas que respuestas dentro de un electorado mexicano que salvo quienes ya están claramente decantados, todavía cuenta con un amplio sector de personas que no ha definido su voto. 



¿Es realmente Ricardo Anaya un "carterista"?; ¿Le está pesando demasiado a José Antonio Meade la marca PRI?; ¿Qué papel juega "El Bronco" en esta contienda?;¿Tiene Andrés Manuel los argumentos para sustentar sus promesas?; 

Lamentablemente, el novedoso formato de debate que le aportó una dinámica diferente y por lo menos, le restó acartonamiento a una dinámica que había sido por demás sosa y paralizada en otras elecciones, no abonó para que la retórica, la lógica y el sustento de ideas generales pudiera penetrar en los discursos de los candidatos, quienes en espacios de breves segundos intercalados, intentaban esquivar ataques que fueron desde los apodos hasta los impresos de gran formato, y no salir con algún raspón en el intento. 

Anaya, una vez más, muy preparado, aprovechó con certeza cada oportunidad que se le presentó para exponer los argumentos que tenía preparados, sin embargo el factor sorpresa que lo proyectó en el primer debate no fue tan notable en esta ocasión. El abanderado panista se equivocó en un momento del debate al comenzar a dirigir sus baterías hacia José Antonio Meade, provocando lo que pudo haber sido un ir y venir que sólo habría beneficiado al candidato de Morena, que a su vez le atisbó un fuerte golpe, de suma utilidad para sus detractores, al proteger su cartera cuando Anaya se aproximaba al estrado donde López Obrador esperaba su turno. Esta manifestación, hasta cierto punto humorística, ha sido aprovechada especialmente en redes sociales para ligar la imagen del candidato panista a la de un ladrón, por las implicaciones, hasta ahora no probadas, de lavado de dinero. 

Meade por su parte, se notó más suelto, y en su arena. El debate tocó puntos que él domina y conoce a raíz de sus gestiones en diversas secretarías y funciones de gabinete en pasados gobiernos. Sin embargo, una vez más, el límite de tiempo apenas permitía presentar una idea en su esencia más general, lo que hace palidecer la profundidad de los argumentos, situación que muchos sectores del electorado demandan, pero que este formato hace imposible obtener, por lo menos en estos ejercicios. 

Para Jaime Rodríguez Calderón, prometer no empobrece. Parece saber que sus posibilidades de llegar a Los Pinos son muy pocas, y esto facilita hablar de cualquier tema con soltura, y ante la falta de atención con pocos argumentos. El golpeteo por momentos es general, sin embargo apunta reiteradamente al candidato morenista, en una de las actividades más claras y constantes de su campaña.  

López Obrador una vez más se equivoca, luciendo poco preparado para el intercambio de ideas, lento, y repetitivo utilizando constantemente términos por demás gastados en su plataforma, como combatir la corrupción con el ejemplo, o denunciar a la "mafia del poder". Llama la atención la unidimensionalidad del discurso de AMLO, que no abunda ni profundiza las ideas planteadas en spots y otras apariciones públicas, aunque esto difícilmente le restará a su base votante, por el contrario, a medida que pasa el tiempo, sus simpatizantes parecen estar más confiados y sólidos, convencidos de que el tabasqueño será el próximo presidente. 

Y esa es la mayor de las interrogantes: aunque para muchos es claro que la polarización de la derecha se combina con la unidad de la izquierda, misma que ha logrado capturar a un gran sector del centro, y que de este modo amalgama a un aparente suficiente 40% del electorado, esta mayoría relativa no asegura nada a nadie, y nos pone nuevamente en el escenario de una mayoría que potencialmente esté en desacuerdo con el gobierno en turno, un espiral del que parece nuestra democracia parece no poder salir desde hace varios sexenios, y que se recrudece uno tras otro. 

Queda aún un debate más, y poco menos de 40 días de campaña en los que parecen estar más cerca nuevas interrogantes, que contundentes respuestas. 

Orson Ge
Twitter: @Orsonjpg




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