miércoles, 23 de mayo de 2018

¿Quién ganó el debate?

¿Quién ganó el debate? Es una pregunta válida. La respuesta, sin embargo, puede ser desconcertante. 



Las encuestas posteriores –revisé por lo menos diez- parecían dividir su opinión entre Ricardo Anaya y José Antonio Meade. De entre los millones de personas que vieron el debate, muy pocos opinaron que el Bronco o Andrés Manuel hicieron buen trabajo. 

Mi opinión es distinta. Y puede no ser de tu agrado. 

Con respecto al primer debate, mi opinión es sencilla: ganó el Bronco. 

Con respecto al segundo, también: ganó Andrés Manuel. 

Antes de cerrar de un golpe tu laptop o enviarme cartas amenazantes, lee un poco más: 

La pregunta que hay que hacer es ¿qué significa ganar un debate? ¿Quién gana un debate? 

¿El que habla más bonito? ¿El que ataca más? ¿El que se defiende menos? ¿El que da los mejores argumentos? ¿El que les calla la boca a los moderadores; el que obtiene más likes? ¿Quién? 

En un entorno electoral como el nuestro, gana el debate aquél que se acerca más a su objetivo final. Y –atención- cada quien tiene objetivos distintos. 

Para ejemplificar, pondremos el primer debate, y mi ganador: el Bronco. ¿Cuál es el objetivo del Bronco? ¿Alcanzar la presidencia de la república? No me parece una meta realista, y yo creo que a él tampoco. El Bronco está allí para hacer ruido, descontar votos a otros y asegurar un número de votos que le permita continuar su propia carrera política. El Bronco llegó a ese debate como un desconocido (apenas un 2% en las encuestas) y salió como un ídolo (con hasta 6% en las encuestas) tras proponer “mochar” las manos a los ladrones. 

Esto no fue una ocurrencia, sino parte de su estilo y de su plan. Él sabe que a) no va a ser presidente y b) nunca nadie va a cambiar el código penal para “mochar” ninguna mano. Pero él logro que necesitaba: meterse en la discusión, levantar la mano y poner agenda. De todos los candidatos, el Bronco fue el que más subió tras el debate. Margarita en cambio, aunque estaba mejor posicionada que el Bronco, no logró poner agenda, y salió igual que como entró. 

En cuanto al segundo debate, la historia fue distinta. Cada quien tenía su objetivo. Anaya: hacer la carrera de dos. AMLO, bajarle los humos a Anaya. Meade, meterse a la carrera final. El Bronco, seguir creciendo su propio nicho. 

Y aquí es donde la estrategia importa. 

Si creemos que el ganador del debate es el que tiene mejores argumentos, claridad y estadísticas, ganó Meade. Estuvo tranquilo y contestó muy bien. La percepción de confianza le benefició tras el debate. 

Si creemos que el ganador del debate es el que mejor habla y tiene mejor técnica de debate, entonces ganó Anaya. Iba preparadísimo y habló de temas de política internacional con seguridad y aplomo. 

¿Y Andrés Manuel? Hay que recordar que Andrés Manuel no puede ya aspirar a tener más seguidores. Su voto se ha mantenido prácticamente igual desde hace años. Los que lo aman lo aman; los que lo odian lo odian. Pero aquí está el asunto: AMLO no necesita más votos para ser presidente. Basta que Anaya baje y Meade suba para lograr su objetivo: ganar cómodamente con un 30% de los votantes. 

En este sentido, su resultado fue excelente. Tras atacar a Anaya por todos lados, y ya sin más recursos, le lanzó el mote que se convirtió en primera plana: Ricky Riquín Canallín. 

Igual que “el moche” fue la frase ganadora del primer debate, “Canallín” fue la frase del segundo. Igual que Trump lo hizo con “Crooked Hillary”, este mote infantil y aparentemente ridículo cimenta en el inconsciente popular una idea negativa sobre el candidato que va en segundo. Y eso es todo lo que AMLO necesita. 

“Pero Francisco” –me dicen algunos- “¿acaso no viste el debate?”. Yo sí lo vi, pero el 95% de los mexicanos, más de 100 millones, no lo vieron. Ellos vieron los memes, los comentarios y las redes al siguiente día. Y ¿qué es lo que vieron? Solo una frase repetida, una y otra vez. 

En el pragmatismo de la manipulación y la estrategia política, los hechos y las estadísticas importan poco a la hora de votar. Es lamentable, pero así es. Los políticos hábiles saben presentar un plan adecuado, pero, sobre todo, dirigir sus mensajes al corazón de la audiencia; saben poner agenda, atacar hábilmente y salir a flote en medio del caos. Los debates tienen su lugar en las campañas; pero como Anaya aprendió ayer, a veces sabe más el diablo por viejo que por diablo. Ningún doctorado en Harvard te da el colmillo de cinco décadas. 

Que hoy la mayoría de los mexicanos (70%) NO van a votar por AMLO es una certeza. ¿Por quién SÍ van a votar? Ahí está el dilema. Nos acercamos a la recta final. Hoy más que nunca estoy seguro de que nada está escrito. Quien diga que ya hay un ganador no conoce de historia, de política ni de comunicación. 

Estamos a tiempo de hacer todos lo correcto. Como sociedad, tenemos dos enemigos a vencer: el odio y la abstinencia. Tú, como ciudadano, hoy solo tienes una tarea: votar. Y asegurarte de que todos lo hagan. Si logramos la votación más alta en la historia de nuestra nación, lo imposible se hará posible y el gobierno que resulte será un gobierno real y legítimo. 

Y falta un debate. Mucho queda por decir. 

Francisco García Pimentel
Twitter: @franciscogpr

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