jueves, 7 de junio de 2018

Sí a López Obrador

Contrario a lo que muchos dicen, este "arroz" no se ha cocido, por lo menos no por completo. 



Las encuestan son muy claras, pero no son definitivas, ni son la elección. Aún falta que el electorado confirme en las urnas lo que han declarado por teléfono o por cualquier otro medio al ser encuestados. 

Sin embargo, México parece por fin haberle dicho que sí a López Obrador.

En aras de un cambio, un buen número de mexicanos está convencido de que el candidato de Morena será capaz de transformar a nuestro país en ese que el colectivo ha soñado por décadas, tal vez hasta por generaciones; esa nación que logrando dejar atrás el multicentenario fantasma de la corrupción pueda convertirse en la sucursal del paraíso que hasta ahora sólo ha vivido en el más guajiro de nuestros sueños.  

La mayoría de quienes tienen decidido su voto parecen estar determinados a votar por el tabasqueño, unos tantos menos votarán por Ricardo Anaya y muchos menos le creen a Meade, pero no a los colores que le cobijan. 

Mucho se ha dicho acerca de las razones por las cuáles darle el sí a la propuesta lopezobradorista, que hasta ahora no ha sido articulada verbalmente en ninguna de sus apariciones, pero muy poco, si no es que casi nada, se ha contemplado alrededor de las implicaciones del supuesto cambio que representa AMLO de cara a ocupar el puesto de primer mandatario. 

Dar el sí a López Obrador es abrir la puerta -y tal vez la ventana- a una vorágine ideológica. El proyecto morenista ha recogido cantidad de rechazados, advenedizos, fugados, recogidos y adeptos convenientes a los que ahora puede llamarse "redimidos", entre quienes figuran muchos, demasiados, ex integrantes del partido al que en estas elecciones se quiere castigar. La bandera del cambio de la regeneración nacional pareciera ir palideciendo en un nuevo envoltorio del chicle de siempre, o como dicen otros, "pan con lo mismo", pero en otro empaque. 

El problema radica en los temas delicados que enfrentan las posturas ideológicas de sus allegados, López Obrador no puede definir una posición radical, como era antes su costumbre -de ahí que ahora se le vea más conciliador y moderado-, sin embargo el conflicto real vendrá cuando tenga que tomar decisiones al respecto y mantener la paz en el redil en el que se encuentran personajes de ideologías tan variadas como Paco Ignacio Taibo, Alfonso Romo, Olga Sánchez Cordero y su coordinadora de campaña, Tatiana Clouthier. 

Dando el sí a López Obrador también regresamos, al parecer sin darnos mucha cuenta, al esquema centralista en que el poder radica en la única figura del liderazgo; en un protagonista único, que con tenacidad mueve los hilos con una sola mano. Una situación que las tendencias de izquierda han venido vendiendo como aún vigente dentro del sector más indignado de nuestra sociedad, adjudicando omnipotencia infundada, y por demás sospechosista,  al Ejecutivo, pero que el camino que abrió la alternancia desde el año 2000, ha logrado dar más independencia a las instituciones, como lo es el caso del IFE, ahora INE, BANXICO y otras que en su liderazgo relevan la antigua figura presidencial a la que se le debía pedir anuencia y permiso para cualquier movimiento, a un nivel de acompañamiento y trabajo coordinado. 

Hoy por hoy, la figura del presidente no es la del absolutismo resolutorio como lo llegó a ser el México de otras décadas, sin embargo, López Obrador roza seductivamente en la centralización del poder, sin contrapesos y bajo el mismo modelo de liderazgo que ha manejado en su partido. Éstas no son suposiciones, sino meras conclusiones basadas en las acciones que ha dejado ver de manera muy pragmáticamente en su propuesta. 

Por último, dar el sí a López Obrador también parece dar marcha atrás a los avances realizados en materia sindical y democrática, regresando poder a figuras como las de Elba Esther Gordillo y Napoleón Gómez Urrutia, quienes por simple decreto juegan roles fundamentales en el proyecto a futuro del muy posible gobierno lopezobradorista. 

Bajo este esquema, el concepto de cambio que ha logrado colocar AMLO en el colectivo es tan sólo una suposición, cuando en realidad estamos de cara a una regresión en muchos sentidos. Y ahí queda mucho espacio para la reflexión. 

La premisa central, que es la guerra a la corrupción podría o no cumplirse, eso no está en tela de juicio, sin embargo, al vernos en el espejo del resto del mundo, ni el país más transparente ha logrado eliminar la corrupción a niveles de cero, y tampoco el mismo López Obrador ha logrado hacerlo dentro de su equipo, pero ese es tema para otro momento. 

¿Será que no hemos pensado a fondo lo que implica darle el sí a López Obrador?

Orson Ge
Twitter: Orson Ge

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