martes, 26 de junio de 2018

Voto útil: ¿para quién y para qué?

En el marco de una democracia funcional, las campañas políticas tienen como fin primordial convencer al electorado de emitir su voto a favor de un candidato en específico. 



El proceso de convencimiento transita por varias etapas: en un primer momento, que puede ser denominado propositivo, los candidatos buscan conquistar la voluntad de los electores mostrando lo mejor de sí mismos y si es el caso, de los partidos políticos que los postulan; si estamos ante el supuesto de que su postulación es por la vía independiente, tratarán de posicionar esto como un elemento positivo y diferenciador frente a los otros contendientes. Según datos del INE, de los 187 ciudadanos que intentaron utilizar la vía independiente para postularse como candidatos a diputados, sólo 39 completaron la tarea. Al Senado se presentaron 55 aspirantes y sólo 7 cumplieron con los requisitos para ser postulados. La fase propositiva también incluye las propuestas en específico que cada uno de los participantes en la contienda tienen como plataforma. 

En un segundo momento, podemos ver una etapa de contraste, los candidatos saben quiénes son sus opositores, conocen su historial político, las acciones que llevaron a cabo en caso de que hubiesen participado en la actividad de gobierno y conocen también las propuestas de los otros candidatos. En sentido estricto, la extrapolación resulta positiva para los ciudadanos de cara a tener un convencimiento más informado. Tal contraste no es sencillo y en esta contienda los organismos de la sociedad civil a través de varias iniciativas están jugando un papel determinante para hacer esto posible.

¿Qué ocurre cuando no se ha logrado convencer tras la fase propositivo y el contraste? 

Desgraciadamente aparecen otros mecanismos, y algunos de ellos resultan absolutamente ilegales que buscan coaccionar al electorado a cambio de dádivas. Esta evidente coacción violenta la libertad del ciudadano; pero hay otra manifestación de este mismo mal que no es material, sí psicológica, que en muchos casos se expresa bajo la premisa del denominado voto útil. Este supuesto se presenta cuando alguno de los contendientes tiene que recurrir al único argumento de pedir el voto para no permitir que otro candidato pueda ganar. 

En este caso las propuestas pasan a segundo término así también la diferenciación específica con los candidatos, lo único importante es que alguien llegue al poder y otro no. 

El problema del llamado al voto útil, es cuando ese candidato que hace la solicitud o sus seguidores, para aumentar la presión sobre los votantes apelan a argumentos donde responsabilizan a quiénes no les den su voto de lo que pudiera pasar en el país por no haberlo emitido a favor de quién consideran tiene mayor viabilidad, es decir, un chantaje psicológico.  Puede ser también que apelen al recurso de autoridad, citando a determinados personajes o jerarcas por para convencer al electorado de la viabilidad de ese voto útil. 

En pleno goce de los derechos políticos, cada ciudadano tendrá que tomar una decisión acorde a sus creencias y análisis racional de lo que quiere para su país. El respeto a esa libertad sostiene las democracias es la libertad nota característica de la dignidad humana. Velemos por la nuestra y respetemos la ajena.

Yurixhi Gallardo
Twitter: @yurygallardo

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