lunes, 30 de julio de 2018

Los tres momentos del gobierno que se va

México está listo para un cambio: así lo expresó en las urnas y lo reafirma cada segundo, en todas las arenas y espera con los ojos bien abiertos y el corazón en la mano. 



Algo similar sucedió hace 18 años, cuando los 72 años de regímenes priístas vieron su fin en la era de Ernesto Zedillo para dar paso a Vicente Fox. Con la alternancia, también llegaron muchas cosas al medio ambiente de la política nacional que durante décadas de oficialismo, centralismo y un sesgado federalismo no habíamos visto, sin embargo, nos acostumbramos tan rápido a ellas, que hoy se piensa que del 2000 al 2012 "no pasó nada", cuando en realidad fue todo lo contrario. 

Todos los gobiernos sufren tres episodios que afectan mucho sus probabilidades de continuidad, y que específicamente en nuestro país, han sido objeto de excesiva mezquindad, buscando politizar los traspiés del adversario a fin de buscar a futuro una mejor rebanada del pastel, situación que lejos de ayudar al país, lo han sometido a frenos a veces imperceptibles pero de consecuencias catastróficas.

El primero de ellos es muy sencillo de identificar, porque se trata de los errores propios. No existe estrategia perfecta y siempre existirán puntos débiles en las plataformas de cualquier gobierno. Incluso al enfocarse demasiado en las urgencias o puntos más trascendentales, cualquiera de los frentes puede dejarse desprotegidos y dar pie a fracasos que han sucedido en cada sexenio y que en ocasiones terminan por opacar a los éxitos. 

Por el otro lado, existen las decisiones impopulares. Cada ex presidente puede dar cuenta de resoluciones sumamente necesarias y que, sin embargo, no fueron bien recibidas por el público en general ya sea por sus repercusiones sociales o connotaciones políticas, entre muchos otros factores. Es justo en este terreno en donde las fuerzas opositoras han hecho un uso excesivo de las diatribas desenfocadas y la demagogia para obtener capital político "barato", polarizando a la población con resultados francamente cuestionables. 

Estos tres momentos abren la puerta para que el electorado busque cambiar el rumbo. Dentro del marketing político es bien sabido que quien sabe hacerse de la bandera del cambio tiene más posibilidades de llevarse una elección. Fuimos testigos de ello, y Andrés Manuel López Obrador no sólo logró capitalizar esa idea, sino que hasta el día de hoy, a casi un mes de la elección, conserva una muy alta expectativa para dar un golpe de timón a la historia reciente de nuestro país. 

A diferencia de una campaña, una estrategia de gobierno no puede basarse en elementos aislados y viscerales acerca de lo que tiene que suceder en un entorno, un tema específico o el país entero, sino que se compone de una cadena de decisiones planificadas para dar el resultado esperado. Las promesas deben cumplirse como parte de una estructura, no como respuesta a un impulso o un arrebato, sino como un esfuerzo coordinado de una visión previa a la que se busca alcanzar para el bien común. 

Dentro de ello, existirán, como lo dijimos antes, enfoques principales, temas urgentes y ejes temáticos que pueden dar rumbo definitivo a una estrategia o hacer implosión, haciendo parecer el resto de sus logros como irrelevantes o poco productivos ante los ojos del pueblo. 

¿Cuál deberá ser el eje inicial del gobierno de AMLO para salir adelante con su gobierno?

(continúa...)

Orson Ge
Twitter: @Orsonjpg

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