lunes, 27 de agosto de 2018

A mi no me pregunten

Gracias por tomarme en cuenta, pero por favor, a mi no me pregunten.



Soy de aquellos, no sé si chapados a la antigua, que creen que para opinar de un tema, hay que por lo menos, conocer medianamente el tema.

Ahora bien, de opinar a tomar decisiones hay un largo trecho por solventar: decidir destinos es para quienes dominan el área de conocimiento o fueron designados con la responsabilidad de hacerlo en virtud de su autoridad fruto de su experiencia, trayectoria, estudio o alguna otra virtud que los constituye como tal.

Haciendo a un lado la aeronáutica, nuestro México pasa por uno de sus peores momentos en lo que a conocimientos generales se refiere. Sin abrazarse al método científico, existen cientos de evidencias en la red donde queda evidenciado que los más básicos conocimientos de cultura general, geografía, historia de México y universal, sin siquiera acudir a la física, química o matemáticas son rotundamente pasados por alto por gente que puede ostentar un certificado de educación básica y media. 

Y así nos quieren preguntar acerca de la viablidad financiera, comercial, turística y por supuesto, operativa, de un proyecto que además ya está en marcha.

El tráfico aéreo es una de las profesiones más estresantes en todo el mundo laboral, y tiene una alta tasa de suicidios con respecto a la población que la desempeña. Entre los padecimientos más comunes de quienes desempeñan esta profesión se encuentran los problemas cardiovasculares, disfunciones del sistema digestivo y alteraciones del sueño que da pie a muchos tipos de trastornos.

Una de las especialidades del mexicano promedio es la de opinar de todo, con conocimiento de causa o sin él, y bueno, en estricto apego a la verdad, opinar puede no matar a nadie en esencia, pero la toma de decisiones es un terreno completamente distinto. 

La consulta popular acerca de la continuidad al proyecto del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México parece más un pilar de promesa medianamente cumplida que sostiene la choza de aquellos compromisos que no podrán ser realidad, como el regreso de la marina y el ejército a los cuarteles, la derogación de le reforma energética, y obviamente el "acabar con la corrupción", y cuyo sustento pende de un delgado hilo.

Los dictámenes son claros: Santa Lucía no puede operar como un puerto aéreo adicional sin implicar un alto riesgo para el tráfico aéreo de la capital del país, así lo han dictaminado expertos del MITRE y así lo requiere la movilidad estratégica en México, misma que hoy se mantiene rezagada y rebasada a falta de una central de conectividad que pueda tolerar el tráfico aéreo que el desarrollo de nuestro país ha alcanzado. 

Así pues, usted y yo tenemos todo el derecho a opinar, pero no a decidir. La consulta puede ser un buen termómetro para conocer el sentir de la opinión pública, pero un ejercicio necio y populista si es que se utiliza como parámetro de toma de decisión.

Por eso, repito y sostengo: a mi, a mi no me pregunten.

Orson Ge
Twitter: @Orsonjpg


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