miércoles, 1 de agosto de 2018

Administrar las cosas y dirigir a las personas

Gobernar es un arte que se sintetiza en dos acciones: administrar las cosas y dirigir a las personas. 



Administrar de manera eficiente no es tarea sencilla: implica determinar prioridades, impuestos, presupuestos, compras, programas, contrataciones, en fin, la lista es inmensa. Por otra parte, dirigir a las personas resulta aún más complejo, aquí entra en juego la voluntad de los dirigidos y el fin hacia el cual se pretende mover la voluntad. Por ejemplo, determinar quiénes estarán al frente de los organismos que conforman la administración pública, asegurarse que entienden el proyecto en el que participan y llevan las acciones de cara a ello. 

 Siendo así, al paso de los años, cualquier acción de gobierno es evaluada en función de los bienes administrados y las personas dirigidas. Además, los gobernantes deberán mantener presente aquella máxima en política que establece: “la política es el arte de los acuerdos”. 

Ante este panorama, los gobernantes que entrarán en funciones próximamente, entre ellos, Andrés Manuel López Obrador, van haciendo un bosquejo de lo que será su gobierno. Anunciado ya en campaña y concretándose cada día más, se revelan datos que permiten a los ciudadanos entender cómo se administrarán las cosas y quiénes serán los dirigidos. Acerca del cómo, Andrés Manuel López Obrador ha insistido en un tema: austeridad. Pero infinidad de variables siguen apareciendo. ¿Cómo logrará la austeridad? ¿hacia dónde irán los recursos que surjan de los recortes al gasto en determinadas áreas, entre ellas la reducción del personal de confianza? 

Por lo que respecta a las personas, una de las estrategias utilizadas por Andrés Manuel para transmitir confianza al electorado, fue indicar el nombre de algunos de los colaboradores cercanos. 

 En aquel primer listado que se dio a conocer, se enfatizaron distintos aspectos, entre ellos, la pericia o conocimiento en la materia de los colaboradores, razón por la cual eran considerados para puestos claves. Obviamente, el listado no estaba completo, los ciudadanos lo sabíamos. 

Así como sabemos que en la labor de gobierno siempre aparecen en juego dos variables al momento de elegir colaboradores: conocimiento técnico y lealtad política. Esas son las dos coordenadas en las que ordinariamente se miden a los subordinados. Depende de quién dirige es el peso que se le da a cada una. Por lo que a la lealtad respecta, es sin duda una virtud, pero en política nada tiene que ver con ésta. La lealtad política es aquella que consiste en la complacencia, hacerse al modo del que dirige sin mirar más allá de esto. Ni pensar si quiera contradecir los pensamientos del que dirige, o si se piensa distinto, mejor ocultarlo. En este sentido la lealtad política implica un grado de afinidad con la persona más allá de la tarea o del fin de la acción. 

Por lo tanto, aquellos nombramientos de los titulares de organismos gubernamentales y que evidentemente no tienen pericia técnica, hacen pensar que en tales designaciones la razón ha estado en la lealtad política de acuerdo a lo que aquí he sostenido. El tiempo confirmará la veracidad del planteamiento. 

Por lo pronto a los ciudadanos nos corresponde desarrollar los instrumentos necesarios que permitan medir los resultados en las distintas instancias de gobierno en términos técnicos de eficacia y eficiencia. Si quienes serán titulares han llegado ahí por razones que no son conocimiento en la materia, por lo menos, los ciudadanos, esos que concebimos como la única lealtad posible el amor a nuestro país, transparentemos las acciones que estos llevan a cabo.

Yurixhi Gallardo
Twitter: @yurygallardo


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