martes, 7 de agosto de 2018

Los tres momentos del gobierno que se va (segunda parte)

Ante la expectativa del cambio que está esperando México tras la llegada de Andrés Manuel López Obrador, se exige en consecuencia una estrategia real que ligue y concatene las propuestas que en su momento conquistaron al electorado y le brindaron esa abrumadora mayoría con la que el líder moral y práctico de Morena se echó el proceso a la bolsa. 



Tal como lo definía Maslow, para el ser humano existe una pirámide de necesidades que deben ser satisfechas para el desarrollo humano integral, y un proyecto de gobierno no es algo muy distinto, especialmente si se mira el andamiaje de gobierno como el funcionamiento de un ente vivo, compuesto de diferentes partes, cada una con una función específica y que se correlaciona con las otras a fin de alimentarse, desarrollarse, y persistir al paso del tiempo.

¿Cuál es la necesidad principal, es decir, la punta de la pirámide, en la víspera del nuevo gobierno?

Para tal efecto, se debe mirar al problema más grande que enfrenta nuestro país, y aunque el estandarte de campaña fue la "honestidad y el combate a la corrupción", este argumento se miró desde un cristal bidimensional, abordando el tema con un único enfoque: la burocracia y el aparato gubernamental.

Y en parte, es un razonamiento entendible: la corruptela en esa esfera cuesta mucho dinero, y representa una fuga presupuestal importante a todo nivel, sin embargo, en la arena baja, donde estamos insertos todos, sin importar cargos, ocupaciones o niveles socioeconómicos, existe una manifestación de la deshonestidad que lacera dramáticamente a nuestro país.

El crimen a todo nivel, llámese organizado o espontáneo ha minado hasta lo más profundo de nuestra estructura social. Hoy es prácticamente imposible salir a la calle sin la mediana posibilidad de ser victimizado, violentado o despojado por uno de los tantos manifestantes de todo tipo de dehonestidad, y lo que es peor, nos han robado nuestra paz.

Ladrones, defraudadores, sicarios, adictos, y demás individuos que han encontrado en el robo, la violencia y la ilegalidad su modo de vida, tal vez sin darse cuenta están hundiendo cada vez más la estructura esencial que sostiene el andamiaje de un país que busca el progreso, ya que desincentivan la actividad económica en factores fundamentales como lo son la industria, el comercio, el turismo en niveles insospechados pero que nos hunden en una espiral sin fondo de la que podríamos no salir de no ejercer acciones específicas lo antes posible.

Empresas nacionales e internacionales se han visto forzadas a cerrar sus operaciones en ciertas regiones del país como fruto de la violencia y el robo. Comercios pequeños deciden cambiar de actividad para no pagar "protección adicional", o cualquier tipo de seguridad que termina minando su rentabilidad al grado de perder interés en lo que es su negocio principal, lo que saben hacer y han desarrollado por años, mientras que sus clientes cada vez se sienten menos seguros en salir a la calle ante la rampante ola de violencia e impunidad de la que somos testigos en todo el territorio nacional.

Esto es apenas la manifestación económica del problema, sin embargo, no puede separarse de las consecuencias sociales que traen consigo fenómenos como el secuestro, la extorsión, vulneración de derechos, entre otras. Resulta devastador ver tan de cerca como un acto que se piensa "aislado" y tiene los mismos efectos de una roca que cae en el agua, porque se expande a todo nivel y en todas direcciones.

Es imperativo que la estrategia del gobierno entrante tenga un enfoque prioritario en la seguridad. Un remiendo, como resultaron las acciones ejercidas en el todavía vigente sexenio no serán sostenibles para un país que se acerca al precipicio en esta materia y cuyas consecuencias podrían comenzar a tomar tintes de catastróficas si no es que ya lo han tomado, en especial para aquellos que han (o hemos) sido victima de estas pésimas señales que asoman desde hace años en nuestro panorama.

Con ello viene prácticamente ligada la necesidad de la procuración de justicia, porque es precisamente ahí donde se desincentiva el crecimiento de estos fenómenos, lo que también exigirá que el aparato de reinserción social cumpla con su objetivo esencial.

Esto es apenas un asomo a un problema enorme, eje central de la estrategia que comienza a revelarse en lo que espera a México a partir del próximo 1 de diciembre.

¿Podrán Andrés Manuel y su equipo lograr este tan necesario cambio? 

Orson Ge

Twitter: @Orsonjpg

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