martes, 28 de agosto de 2018

Trabajo profesional: cabeza, corazón y manos

Recientemente PepsiCo ha anunciado el relevo de Indra Nooyi como CEO a partir de octubre próximo. 



Noovi, quien ha ejercido la más alta posición ejecutiva en dicha compañía nos ha dejado varias lecciones para el mundo profesional, algunas de ellas aplicables a todos los trabajos. Por ejemplo, en una entrevista publicada en el 2007 por The Economist Times (originalmente apareció en el The Times of India) expresó lo que representaba para ella su papel como CEO: “no lo haces solo porque es un trabajo, es una vocación y tienes que involucrarte con la cabeza, el corazón y las manos. Tienes que poner tu corazón en el trabajo, tienes que amar lo que haces”. 

Tal afirmación tiene plena validez para cualquier trabajo que se desempeñe. 

Le propongo que hagamos un ejercicio sobre nuestro trabajo profesional utilizando la afirmación de Nooyi. Quizá la primera pregunta que habría que plantearse al hacer un trabajo es: ¿Lo considero una vocación? Si la respuesta es afirmativa, habría que estar dispuesto a seguir la sugerencia de Nooyi e involucrarse con la cabeza, el corazón y las manos. Si la respuesta es negativa, sugiero encontrar otras opciones profesionales que puedan contribuir a su realización. 

Aunque se puede aprender a disfrutar lo que se está llevando a cabo, si hay motivos profundos para ello. Examinemos lo que significa involucrarse con la cabeza. Cualquier actividad profesional que se realiza requiere un ejercicio de planificación. Quizá hay que preguntarse lo que se espera de la labor que estamos realizando ¿Tengo un proyecto profesional? Ese proyecto es trazado por uno mismo. 

Resultaría fantástico que otros, incluyendo a nuestros superiores ayudaran a trazar ese proyecto, sin embargo, no siempre es así. Ante tal situación, resulta idóneo identificar mentores, que nos conocen y pueden ayudarnos objetivamente a delinear dicho proyecto. ¿Qué esperan los demás de mi trabajo profesional? ¿Tengo un plan de carrera en la empresa dónde trabajo? ¿Cuáles son los puntos a favor y los puntos en contra de la labor que estoy llevando a cabo? ¿He trazado metas en el corto, el mediano y el largo plazo? ¿Cuáles son mis fortalezas? ¿En qué puedo mejorar? ¿Cómo me miran los demás? Son preguntas que requieren un ejercicio de análisis profundo e indispensable. 

Involucrarse con el corazón, significa amar lo que hacemos. 

Quienes trabajan exclusivamente por la remuneración económica, viven insatisfechos. Más allá de esto, hay que tener otros motivos. Todos podemos enlistar actividades que no haríamos aunque nos pagaran una exorbitante suma. Por otro lado, poner el corazón significa estar dispuestos a querer a quienes trabajan a nuestro lado, preocuparnos por sus propios proyectos; hacerles más fácil el camino, dejar de mirar a los demás como competencia e integrar equipos. 

Es posible el perfeccionamiento de cada uno, el trabajo colaborativo, el crecimiento de todos. ¿Qué significa involucrarse con las manos? Lo que parece obvio y no siempre lo es: trabajar duro. De qué sirve la planificación, la pasión por lo que se hace, si no estamos dispuestos a trabajar con alto grado de compromiso y profesionalismo, que no es perfeccionismo, de muy poco servirá. 

El trabajo a fin de cuentas exige unos resultados objetivos tangibles. Aunque quizá en muchas ocasiones y en ciertos terrenos, entre ellos el educativo, las huellas más profundas, el impacto más grande es imperceptible a primera vista. Trabajar es apasionante, exige renuncia, compromiso, constancia. Cuando las razones son profundas para lo que estamos llevando a cabo y la dirección es clara el empeño tiene sentido.

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