miércoles, 26 de septiembre de 2018

Septiembre: mes de héroes, víctimas y festejos

Para nadie pasa inadvertido septiembre y sus festejos. Entre mariachis, tequila, asuetos, gritos y desfiles, es el mes donde los mexicanos afirmamos nuestra identidad. 



Además, recordamos a nuestros héroes, esos de quién dice Ibargüengoitia: “Los héroes, en el momento de ser aprobados oficialmente como tales, se convierten en hombres modelo, adoptan una trayectoria que los lleva directo al paredón y adquieren un rasgo físico que hace inconfundible su figura: una calva, una levita, un paliacate; bigotes y sombrero ancho, un brazo de menos; ya está el héroe, listo para subirse en el pedestal. Todo esto es muy respetuoso, ¿pero quién se acuerda de los héroes?”. 

Los años pasan y son unos cuantos nombres los que cada año vitoreamos como tales, pensábamos que eran los mismos siempre. Recordamos sus nombres, pocos detalles precisos podemos decir de sus hazañas, de sus vidas, de sus ideales. 

¿Quiénes son ahora nuestros héroes? ¿Siguen siendo los que participaron en la independencia, en la revolución? O los nuevos héroes de este país no se identifican más con nombre y apellido, ¿serán las víctimas? 

Sí, víctimas de México y su violencia, peor aún, de la indiferencia de quiénes nos hemos acostumbrado a escuchar o ser testigos de noticias diarias de homicidios y desaparecidos. Porque los héroes de este México que duele son las familias de las víctimas que no saben siquiera si sus seres queridos están muertos, porque ellos albergan esperanzas de un rencuentro que cada día se desvanece. 

Son esas familias, que en medio del dolor tienen que afrontar la tortura de la burocracia que les obliga a ir de un lado a otro, a preguntar a quiénes no tienen respuestas claras. Son esos los héroes que tienen que seguir sus vidas y tratar de superar sus pérdidas sin pasar por un entierro. Y cuándo de repente escuchan que hay más de cien cuerpos, no, son casi trescientos, ¿estará ahí ese esposo que nunca volvió? ¿ese hijo que salió a una entrevista de trabajo de la que no pudo contar cómo había sido? ¿será aquella chica que salió a la escuela? No lo sabemos, porque los cadáveres que estaban rondando por la ciudad no tenían ficha de identificación. 

Entonces esos víctimas de México, han sido por partida doble y serán ellos y sus familias los héroes. Pero si queremos que este país cambie, y eso no vuelva a ocurrir, México necesita encontrar en cada ciudadano al héroe dispuesto a trabajar desde su trinchera, quizá estará siempre en el anonimato, no será recordado por su calva, paliacate, ni se subirá a un pedestal, no vitorearán su nombre, pero habrá participado en la auténtica batalla que tiene que librar este país: reconstruirse desde el trabajo honesto.

Yurixhi Gallardo
Twitter: @yurygallardo

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