lunes, 14 de enero de 2019

Una crisis más peligrosa

No ha existido en los últimos días un tema que ocupe mayor parte de los encabezados, discusiones y charlas fortuitas que el desabasto de combustibles que ha imperado desde los primeros días de este año y hasta por lo menos la primera quincena de enero.



Diversos sectores de la sociedad y de distintas corrientes o simpatías políticas no han logrado un punto de acuerdo en cómo abordar el tema; en los criterios que deben anteponerse a otras ideas, o siquiera en el abordaje del nodo en el que todos parecen estar de acuerdo: el combate al robo de gasolina, mejor conocido como "huachicoleo".

Y la molestia no es para menos: mientras unos, quienes ven afectados ciertos aspectos de interés personal, piden a gritos que la estrategia sea distinta a la empleada hasta el momento por el gobierno federal, otros interpretan el reclamo como un apoyo al enemigo colectivo -el criminal- cuando esto no es necesariamente cierto.

Haciendo a un lado la eficacia o ineficacia de la estrategia empleada hasta hoy por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, es innegable que los efectos negativos del faltante de combustible afectaron más allá de las horas de espera de cientos de miles de ciudadanos, empresarios e incluso administraciones locales y estatales, son ya perceptibles: comerciantes con bajas en visitantes y ventas, mercancías que no llegan a tiempo a su destino y especulación en sectores básicos de la industria alimentaria. Esta situación no sólo es un desmotivador de la economía nacional sino que manda un mensaje por demás negativo a la comunidad internacional que tiene sus capitales invertidos en nuestro país, o que lo está considerando en sus planes futuros. 

Pero este encono tiene un origen, que debe corregirse lo antes posible, y es por una crisis más peligrosa que la falta de combustible, y es la escasez de información.

En un inicio, la idea del cierre de los ductos se sustentaba en la premisa del combate al robo de combustible para su distribución ilegal, sin embargo, unos días después medios internacionales revelaron que las exportaciones de crudo y ligero por parte de los Estados Unidos con destino a Pemex habían registrado un descenso pronunciado, situación que no fue admitida por el Gobierno de México sino hasta después del hallazgo.

De la misma manera, no ha existido certidumbre acerca de cuánto tiempo durará la carestía de hidrocarburos. En diversas ocasiones el Ejecutivo ha sido cuestionado sin éxito por miembros de la prensa en distintas apariciones sin que se precise un término, o siquiera un aproximado, abriendo paso a la especulación, una más de las fuentes del encono de grupos simpatizantes contra los críticos.

Una situación como la que se vive hoy, en la que la falta de información, se une a la falta de precisión puede generar la más peligrosa de las crisis para la administración obradorista, que es la crisis de credibilidad. 

Tal vez existan ya muchos grupos que no comulgan con las ideas del presidente López Obrador, sin embargo, la credibilidad de la institución presidencial es la piedra de toque en la trascendencia de un sexenio, especialmente cuando apenas va comenzando. Andrés Manuel tendrá que ser tan cauto en el tratamiento de la información y pulcro en la manera en que ésta llegue al público en general si no quiere que el beneficio de la duda que le regaló una gran cantidad del electorado mexicano se vaya evaporando como sucedió en sexenios anteriores. 

La base de seguidores de AMLO ha mostrado tener mucho aguante, y es complicado ver que se disipe en las dificultades, sin embargo, la pérdida de credibilidad, la falta de precisión en el manejo de la información y la incertidumbre de los principales detractores puede traer un escenario de mayor polarización que potencialmente es un caldo de cultivo para el enfrentamiento social, entorno indeseable para un país como el nuestro, que ha logrado avanzar mucho en materia de democracia y transparencia con respecto a otros en Latinoamérica. 

Es esta, pues, potencialmente la crisis más peligrosa a la que estamos expuestos hoy, y está en manos del máximo líder de este país, manejarla con responsabilidad, logrando finalmente integrar a sus gobernados en aquella república amorosa de la que tanto habló por tantos y tantos años.

El día llegó, y dentro del horizonte, hay una crisis más poderosa.

Por: Orson Ge
Twitter: @Orsonjpg




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