martes, 14 de mayo de 2019

No vendieron el alma

Un tema que dará mucho de qué hablar en los siguientes días es la presunta contratación de nueva deuda por parte del Gobierno de México en la que están involucrados el banco HSBC, y las financieras JP Morgan y Mizuho, cuyo valor total es de 8 mil millones de dólares. 



Antes de que las vísperas apresuren a muchos a señalar este contrato como una promesa de campaña sin cumplimiento, habría que ponderar algunas situaciones que le dan matiz al evento y que hasta ahora muestran más señales positivas que negativas, por lo menos en el papel.

No es un secreto que Pemex es la petrolera más endeudada del planeta, cuyos pasivos ascienden casi a los 107 mil millones de dólares, aproximadamente el 1% del PIB nacional.

De tal forma, y explicado de una manera muy sencilla, el contrato firmado permitirá refinanciar un poco menos del 3% de la deuda y deja garantizadas dos líneas opcionales de 5.5 mil millones de dólares para ser abiertas en caso de ser necesario.

Si bien, porcentualmente la reestructura de la deuda parece ser menor, el último compromiso adquirido por la energética obligaba a Pemex a pagar 23.6 millones de pesos diarios de intereses, permitiendo que este monto decreciera en un 25% y con ello permite utilizar el flujo de caja en proyectos de otra índole, como la infraestructura, abriendo un hueco prácticamente a la medida para la construcción de la refinería de Dos Bocas.

La viabilidad y utilidad de mencionada refinería es tema para otra ocasión, pero en términos prácticos y financieros, el movimiento no endeuda más al país ni a la paraestatal, por lo menos no hasta que se hicieran efectivas las dos líneas garantizadas que acompañan el trato. 

Por el contrario, esta firma ayuda al dinamismo de una empresa cuyo flujo de caja no le permite tener libertad total, ya que el circulante está comprometido en buena parte al pago de la deuda adquirida anteriormente, a los operativos en toda la cadena de suministro y distribución -mismos que deben ser analizados y optimizados antes de un colapso muy probable- y la latente necesidad de mejorar su infraestructura, sumamente limitada hasta el momento. 

Los mercados siguen escépticos ante la visión de la cuarta transformación con respecto al tema energético, sin embargo existen aún quienes le otorgan el beneficio de la duda. Lo único cierto es que el gobierno actual está determinado a tomar esta vía y hay quienes entienden esto como certidumbre. 

Hasta ahora, y si otra cosa no sucede, el Gobierno de México no ha "vendido el alma al diablo", por lo menos no aún, por el contrario, parece haber acertado un buen movimiento en la búsqueda de sus objetivos. 


Por: Orson Ge
Twitter: @Orsonjpg

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