lunes, 20 de julio de 2020

¿A dónde vamos con tanto recorte?




En las últimas dos semanas, una noticia en dos episodios acaparó las principales columnas, editoriales y espacios de debate, además de las redes sociales, particularmente Twitter. 

Primero, el pasado 4 de Julio, trabajadores sindicalizados acusaban a través de diferentes medios de comunicación que la secretaría de economía habría decidido no renovar el contrato de arrendamiento para el equipo del cómputo, en donde si algún funcionario lo deseaba podía adquirir su equipo por valor de 4,000 pesos, es decir el costo residual del arrendamiento; además de aventarse un alacrán a la espalda. 

Aunque muchos no lo quisieron ver en su momento, debo decir que existieron señales muy claras anunciando el desastre que se venía, y pocos, muy pocos lo advertimos.


Fue el pasado
23 de abril cuando el presidente López Obrador ordenó reducir 75% del presupuesto disponible a servicios generales y materiales y suministros.”, es decir partida 3000 y 4000 del servicio público.  Algunos analistas como Mario Di Constanzo @mario_dico50 daban cuenta de ello en redes sociales.

En medio del Programa “Desde la Pandemia” que compartí por más de 100 días con @Orsonjpg @marmol_digital @ramiro_escoto por mencionar sólo a algunos, hice mención a dicho asunto y lo que representaba para la operación de todo el aparato burocrático nacional, no hubo eco.

Algo anda mal, o nos estamos distrayendo en temas nada importantes, o nos están manejando la agenda desde Palacio Nacional, lo que ya de por sí es malo también.

Regresando al tema.  Tuvieron que pasar más de 60 días para que se convirtiera en noticia y motivo de indignación social, y es que para una gran mayoría de personas, resultó en un disparate la indicación de que se aplicaría, al menos en ese momento y sólo en la Secretaría de Economía la regla de un equipo por cada cuatro personas. 

 

Algo así como los rusos, durante los intentos de invasión nazi en territorio soviético, donde asignaban un rifle para cada dos combatientes por si uno fallecía en la línea de fuego, el otro tomara la responsabilidad.  

Ante tal acción por parte del gobierno hacia con los trabajadores, la pregunta era obvia
: ¿Y entonces cómo van a sacar la chamba? -preguntamos no pocos en redes sociales. 

 

La respuesta no tardó en llegar de la boca de López Obrador:
“Imagínense lo que hacían los que lucharon en otros tiempos por libertad, por la justicia, por la democracia, por la soberanía… ¿estaban esperando que tuvieran sus computadoras para luchar, para transformar?”

 

Al menos Yo, no supe que responder, la verdad es que esperaba cualquier respuesta, pero todas menos esa.

 

El segundo episodio a dicha noticia ocurrió apenas hace un par de días cuando desde la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, se tomaba no sólo la disposición del recorte presupuestal ya mencionado, retirando igualmente tres de cada cuatro equipos de cómputo a los trabajadores.  Además de lo anterior, cheque usted esta joya:

1.
Reducción a la mitad del consumo de agua de garrafón.
2. No re-cargar teléfonos celulares en las tomas de corriente de las oficinas.
3. Cancelación de
plazas de base a funcionarios y hacerlos firmar nuevos contratos en los que son reconocidos como trabajadores eventuales para lo que resta del año 2020.

 

Medidas que atentan contra las mismas declaraciones de López Obrador al inicio de la pandemia.

 

Este tipo de disposiciones, desde mi muy particular punto de vista generan una de dos cosas:

 

Por un lado genera coraje e indignación, una cantidad brutal de memes, y aviva el fuego de la radicalización entre simpatizantes de la “cuatrote” y los que creemos que el barco aún se puede salvar.

Pero por otro lado, también genera Miedo e incertidumbre a lo que pueda venir con un gobierno que da la sensación de estar desmantelando todo cuanto puede, a costa de lo que sea.

L
a teoría del caos propone una forma, o excusa, para explicar la inexactitud y la dificultad para obtener resultados previsibles de la realidad.  Es decir, por más evidente que puedan parecer las cosas, en el caso de este gobierno, no hemos atinado una. 

 

López Obrador, rompe y utiliza por igual reglas, principios, lógica aplicada, sismas y cualquier cosa que en su momento le estorbe o beneficie, incluída la religión, todo debe ajustarse a su plan.  El que sea que tenga.

Sin hablar del manejo de la pandemia, las cifras de muertos y el mentado cubrebocas, en términos del anillo al dedo, Ojalá lo compartiera, su plan, mínimo para saber adónde vamos. 

 

En una de esas, si hay chance de cambiar el rumbo del barco, de cambiar de capitán mediante un motín, o mínimo, ya de perdis… de abandonar el barco en un bote salvavidas.

¿Cómo para pensarse no lo cree?

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