lunes, 10 de agosto de 2020

Andrés Manuel candidato, y López Obrador presidente

La conferencia de prensa de todas las mañanas en Palacio Nacional es últimamente muchas cosas, menos eso: una cita a la que los medios de comunicación asistan para canalizar información de interés público a la nación. 


A veces como válvula de escape, a veces como espacio publicitario, a veces como cafecito tempranero, no pasa mucho tiempo desde que se abren los micrófonos para que los reporteros tengan nota, lo cual esencialmente sería el objetivo de una conferencia a la que se dan cita un presidente y diversos medios.

Sin embargo, la mentada nota es en no pocas ocasiones un reclamo, una ironía, una disociación, un diferendo, en el peor de los casos, un error de interpretación.

Esta reiteración hace cuestionar seriamente el valor para la vida pública de este ejercicio, que bien podría pasar a un terreno menos reiterado, incluso bajo la óptica de la austeridad, por el costo en horas-hombre y recursos que representa.

López Obrador construyó su identidad como sempiterno candidato a través del conocimiento profundo de las dolencias del pueblo, hablando franco, claro y tajante acerca de su visión de las diversas problemáticas y de su voluntad para resolverlas, más allá de la factibilidad o estructuración de sus estrategias.

En el encuentro con los medios de este lunes, el presidente ridiculizó -no por primera vez- la labor periodística de los medios que han tomado como línea prioritaria el reporteo del desarrollo de las cifras relacionadas con el crecimiento de la pandemia del coronavirus en nuestro país.

Desde su punto de vista, por lo menos así se implicó desde tribuna, está de más llevar un conteo de muertos y de infectados. Es una estrategia de desprestigio basada en la exageración, cuyo único objetivo es demeritar a su movimiento de transformación, son "opositores del cambio".

Y esas 50,000 familias que hoy quedan deudas de ánimo y resignación, ¿qué?

Muchos de sus seguidores de otra época se preguntan dónde está el Andrés Manuel al que le dolía la desgracia del pueblo, el que los entendía y hablaba por ellos. Hoy López Obrador se debate un día sí y otro también entre ser presidente o candidato, sin lograr despojarse de la narrativa de campaña que busca quedar bien con la mayoría, generar simpatías que se traduzcan en votos; olvidando por momentos el peso de ser cabeza de estado, y tomar las decisiones que trasciendan a la popularidad para el bien colectivo.

Las muertes son reales, más allá de la interpretación o enfoque que se le quiera dar a la estrategia sanitaria.

Cincuenta millares de fallecidos antes de ser carne de cañón, antes de ser nota, antes de cualquier cosa, son mexicanos, son familiares: padres, madres, hermanos, hijos, y sobre todo vidas, cuya posibilidad de haber sido salvadas siempre quedará en el aire.

Hasta hoy, ningún medio de los señalados ha publicado cifras fuera de las emitidas por las mismas autoridades sanitarias, así que no puede juzgarse la intención de la publicación de las mismas, aún cuando el mismo López-Gatell ha señalado que las cifras, podrían ser y efectivamente son mayores.

Por el bien de México, urge recuperar la sensibilidad del Andrés Manuel candidato, para que razone y concilie con el López Obrador presidente.

Y entre antes, mejor...

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