lunes, 31 de agosto de 2020

Los verdaderos adversarios de López Obrador

Uno de los temas más frecuentes en la narrativa presidencial es el tema de los adversarios de la llamada cuarta transformación, mote que Andrés Manuel López Obrador ha usado como nominativo de su período en la presidencia del país. 


Más allá de la intensidad con la que se ha cuestionado el desempeño del Ejecutivo de diciembre de 2018 a la fecha, o de los pobres resultados que tuvieron administraciones anteriores en tema de corrupción, transparencia, seguridad y economía, que llevaron a López Obrador a ser uno de los presidentes más votados en la historia de México, la realidad es que la falta de resultados de acuerdo a las expectativas que se crearon, comienzan a afectar la imagen y la credibilidad de la que gozó el presidente mientras estuvo en campaña. 

Cada vez más va quedando claro que gobernar sí tiene ciencia, y la administración pública, al igual que la privada, y tal vez en mayor manera, representa un cruce de variables que requiere no sólo coordinación y capacidad, sino de adaptación al cambio y un alto sentido de autocrítica.

No se puede improvisar cuando lo que está en juego es el destino de un pueblo que puso en manos de una persona, y esa persona, que fue designada como líder no puede perder el tiempo mirando constantemente hacia atrás, culpando al pasado de sus retrasos, porque eso creará aún más rezago entre el momento actual y la meta señalada. 

Mucho menos se debe perder el tiempo ocupándose en lo que grupos que disienten, quienes opinan diferente, o quienes transitan en dirección contraria, aquellos a quienes llama "adversarios" hacen o dejan de hacer, hablar de los tales, no sólo los fortalece, sino que es una pérdida de tiempo cuando hay tanto por hacer.

Pero los verdaderos adversarios de López Obrador son los números. Los resultados no acompañan a la administración actual: las cifras que deberían ir en aumento retroceden y viceversa.

La plataforma de la Regeneración Nacional se basó durante más de 12 años en evidenciar un modelo económico que no daba los mejores resultados; en un México cada día menos seguro pero que no necesitaba al ejército en las calles; un aparato gubernamental en total corrupción y de pobre transparencia; en un México enfermo, pero no desahuciado.

Históricamente, más de 30 millones de personas le otorgaron su confianza, un hito en la incipiente democracia moderna de nuestro país, pero hoy es un número importante de ellos el que no ha visto los resultados que esperaba cuando cruzó su boleta en julio de 2018.  

Queda evidenciado que la promesa de terminar con la corrupción, premisa casi única de la campaña que llevó a Obrador a la presidencia, no es suficiente, se necesita gestionar efectivamente en la mayoría de los ámbitos posibles, más allá de las palabras, narrativas y enfoques que se le quiera dar a la realidad en las conferencias de prensa.

No se puede cambiar la realidad por decreto: decir ante la cámara que las cosas marchan bien, que "se domó la pandemia", que "vamos saliendo", que estamos "mejor que nunca" y todas esas frases que parecen traídas de otra realidad, no son vigentes hasta que sean perceptibles notablemente entre los gobernados. 

Desde aquí, sugerimos cambiar de enfoque, los verdaderos adversarios de esta administración son los resultados, en esos hay que enfocarse.

Orson Ge

Twitter: @orsonjpg

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