lunes, 17 de agosto de 2020

Menos plática...

México es un país urgido de resultados alentadores.


Para quienes ya hemos pasado por más de 5 sexenios, los términos crisis, inflación, depreciación y otros de la clase, no son nuevos, ni sorprendentes, lo que es más, se han convertido casi en cotidianos.

Por ahí del cambio de milenio, una gran mayoría creía que el problema era el PRI, que cambiando de colores, era la potencial ruta del cambio, y aunque muchas cosas se hicieron distintas, la moneda se siguió devaluando, los precios subiendo y las crisis, aunque eran más moderadas, seguían apareciendo de vez en cuando, aunque hay que aceptar, le perdimos el miedo al cambio de mandatario por lo menos en tres ocasiones.

Para quienes veníamos atestiguando décadas de rezago económico constante, bruscas crisis en las que faltó hasta el papel higiénico (cualquier parecido con 2020 es mera y total coincidencia), y un peso que perdió hasta mil veces su valor en un sólo período, la transición democrática a la alternancia trajo consigo no la bonanza y la estabilización que se esperaba, pero por lo menos mejoras en muchos aspectos en materia de transparencia, descentralización, democracia, rendición de cuentas, finanzas públicas y el acceso mediante el crédito a bienes que en otras épocas sólo eran asequibles para quienes gozaban abundancia.

Tal vez quienes sufren de corta memoria no lo recuerden, mucho menos quienes no atestiguaron cómo se "defendió el peso como un perro", ni las lágrimas -de cocodrilo- a causa del fracaso sexenal en un último informe, ni las estrepitosas caídas de bolsa cada 2 de diciembre, pero al tiempo que se planteaba a México en una supuesta "crisis histórica", la realidad es que sin estar en opulencia, y lo que es más, aún cargando en la mochila los lastres de la corrupción, se avanzó.

Los motivos por los cuales la voluntad popular optó por un cambio radical en 2018 se parecen mucho a las del 2000: un cambio.

Y más allá de las fórmulas, de simpatizar o no con el gobierno en turno, quienes piden un cambio lo hacen para mejorar y no para mantener la mirada puesta en el pasado.

Algo de lo que se hace hoy, y que no se había hecho antes, era tener al presidente cada mañana hablando de su agenda. Un ejercicio que en espíritu podría leerse como positivo pero que en la práctica cada día parece más estéril.

La semana pasada, el presidente López Obrador se sinceró: él se presenta cada mañana a platicar. Sin meditar mucho las cosas, habla lo que está en su corazón al determinado grupo que asiste a la conferencia y a la audiencia que lo sigue por medios de comunicación.

Los temas no siempre son de amplia relevancia. O se parecen a aquella junta que pudo resolverse por correo. Aún así, es prácticamente de lo único de lo que se habla durante el día; a veces más por morbo, por sorpresa o hasta por comedia.

Mucho de lo que se dice, y que francamente es una pérdida de tiempo, es señalar "lo que se hacía antes". Como si no se tuviera conciencia de los excesos, las injusticias y los absurdos que motivaron precisamente a millones de mexicanos, -más de 30 millones- precisamente a poner al mando a quien profesó ser distinto.

Hasta ahora, los resultados no muestran un cambio muy positivo. La economía está en franco retroceso, y estaba ya atascada previa a la pandemia; Pémex pierde millones de pesos cada hora -sin exagerar-; las monstruosas obras emblemáticas de la actual administración tienen un muy cuestionable retorno de la inversión, y la violencia ha tocado picos históricos. Sin mencionar otros factores, podemos decir que no sólo no se ha logrado un cambio positivo perceptible, sino que en muchos sectores torales del desarrollo del país se encuentran en franco retroceso.

Por eso resulta un poco paradójico que cada mañana el presidente salga a platicar, por una, dos o tres horas de temas de trascendencia nacional, incluso en ocasiones sin haberse meditado cabalmente, son pláticas que nos salen caras en horas-hombre, y por supuesto, en pensar lo que se podría resolver despachando desde oficina, o junto al gabinete en esas mismas horas.

Con estas líneas no se desprecia la rendición de cuentas, el informe de actividades, ni mucho menos la transparencia, por el contrario, éstos son elementos que todo gobierno debe fomentar desde sus entrañas. 

Aun así, muchos temas podrían informarse -previo análisis y reflección- a través de la Secretaría correspondiente, del funcionario responsable, de los medios electrónicos y de comunicación, y tantos recursos que hoy se tienen a la mano, y que en otras épocas no estaban disponibles, y aún así, los presidente se las ingeniaban para hablarle cara a cara a todos los mexicanos.

Tal vez, lo que estamos tratando de decir en pocas líneas es: "menos plática, y más resultados".

Orson Ge

Twitter: @orsonjpg 

 

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