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Gabinete en la cuerda floja

Otro más es uno menos; Victor Manuel Toledo dejó la dirigencia de la Semarnat y desde la presidencia de Ernesto Zedillo que no se daban tantas salidas en un gabinete presidencial. 

Toledo estuvo apenas hace unas semanas en el ojo del huracán tras filtrarse grabaciones en donde criticaba fuertemente cómo se hacen las cosas en la actual administración.

A la luz de las cosas, en la cuarta transformación está permitido tener un criterio propio, siempre y cuando sea el mismo criterio que impera en Palacio Nacional.

Esta lectura nos coloca una disyuntiva que la evidencia viene respaldando hace tiempo: gobernar sí tiene ciencia y no es materia de un "hombre orquesta" tomando todas y cada una de las decisiones y normando un único criterio en una maquinaria gubernamental que requiere estrategia, correspondencia, integración y acompañamiento.

En la dinámica actual, un presidente efectivo es aquél que sabe coordinar a un equipo de funcionarios capaces, con conocimiento, autoridad y que impone criterios unilaterales únicamente en las situaciones más extremas, cuando no existe conciliación entre las partes involucradas.

Atrás, muy atrás, quedó el tiempo en que un sólo hombre era dueño de todas las verdades, que tenía todas las respuestas y cuya visión del futuro superaba las evidencias y tendencias; este día, y los que vienen, requieren no sólo a un líder que sepa conciliar e integrar, sino que sepa rodearse de expertos y aprenda a escucharlos.

Un líder trascendente requiere tomadores de decisiones, que no queden subyugados a la única voluntad presidencial, que estén dotados no sólo de autoridad impuesta, sino de efectividad comprobada; ese es el mejor respaldo.

Urge que la lealtad política no quede por encima del bien de los gobernados. Debe ser prioridad trascender como comunidad más allá de los proyectos personales, y esa tentación no es muy fácil de resistir entre los líderes a todo nivel.  

Errar es de humanos, y el presidente ha aceptado en más de un par de ocasiones haber tenido una lectura desviada de la realidad, como en el caso de Toledo en el que se concebía al stress como un "lujo de las pequeñas burguesías" o la equivalencia de 4 dólares y 25 pesos. 

Gobernar por dogma sin evidencia, persiguiendo a la suposición puede ser y es riesgoso para un país que transita hacia un nuevo período electoral como lo hace un equilibrista; y un gabinete que siente esa misma inestabilidad en caso de contrariar la voluntad presidencial, es prácticamente igual a designar a un bonche de novatos.

Quedan aún cuatro años del gobierno de López Obrador, y muchos de sus mejores colaboradores ya dejaron sus cargos. No se duda de la capacidad de quienes pudieran venir, pero poco, muy poco cambiarán si desde su llegada se sienten "en la cuerda floja". 

Orson Ge

Twitter: @orsonjpg

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