martes, 1 de septiembre de 2020

Maestro en clave de zoom

A los papás y mamás.

Yo soy papá de 4 niños. Tienen 6, 4, 3 y 2 años, respectivamente. Uno va en 1ro de primaria; los otros en kínder y maternal.



En juntas, reuniones de zoom y en los grupos de whatsapp veo papás preocupados -y con razón- por el momento en que vivimos, por culpa del coronavirus. Sin duda hay razones para estar agotados y molestos. Y cuando estamos cansados y molestos, es natural buscar culpables o chivos expiatorios sobre quiénes poder descargar nuestra indignación y estrés.

Lamentablemente, veo que muchos papás dirigen esta presión hacia los maestros de sus hijos y sus escuelas. Papá, mamá: Yo conozco este universo desde ambos lados de la cerca y te puedo asegurar, sin riesgo a equivocarme, que NUNCA ANTES los maestros habían trabajado tanto como en los últimos seis meses. 

No lo invento. Lo he visto de primera mano: 

- Los he visto gastarse cada día -sábados y domingos también- preparando el material para tus hijos. Muchas veces a medio sueldo, por la crisis.

- Los he visto capacitarse intensamente en nuevos sistemas y software. Cuando la capacitación no les alcanza, los he visto buscar, investigar y pagar de su bolsillo por programas y plataformas que les permitan dar mejores clases.

- Los he visto llorar de desesperación por sus alumnos; porque algunos no pueden o no tienen la forma de aprovechar el semestre en línea. Los he visto rabiar por que sus alumnos no tienen internet o porque no pueden mandar la tarea.

- Los he visto aprender, desaprender y reaprender casi a cada día sus sistemas didácticos, buscando mejores formas de enseñar, motivar y conectar con mis hijos.

- Los he visto gastarse sus quincenas en comprar computadoras nuevas, micrófonos, cámaras, luces y artefactos para poder hacer su trabajo de manera profesional. 

- Los he visto rejuvenecer décadas enteras para ponerse al día con la tecnología y dar a sus alumnos una mejor oportunidad de salir fortalecidos de esta crisis. Ninguna vez les he oído quejarse.

- Los he visto desgastarse el alma, algunas veces a costa de su propia salud o de sus propios hijos para cumplir su vocación de enseñar; y su misión, llevar a otros más lejos; y su orgullo: ver a tus hijos sanos y felices.

Sin duda hay razones para estar cansados y enojados. Han sido meses en que ser mamá y papá ha sido, también, un reto constante. Lo sé: me consta. Yo también estoy agotado. Pero los maestros de tus hijos están de tu lado, en tu equipo, viviendo su llamado de manera heróica. Si te vas a quejar, si vas a levantar la voz, por favor hazlo en otra parte. Yo meto las manos al fuego por mis maestros.

Hay millones de papás que quisieran, por al menos unos minutos al día, poder dar a sus hijos esta oportunidad. El piso no esta plano para todos, y lo sabes.

Papá, mamá: en estos momentos, los maestros merecen, por lo mínimo, tu comprensión y tolerancia. Y en plena justicia; tu agradecimiento y apoyo activo.

Aprovecha la oportunidad y ENSEÑA a tus hijos que en la mayor crisis en décadas hubo alguien que nunca los abandonó: su maestro. Que aprendan a agradecerles, respetarles, obedecerles y admirarles. Que sean la generación que sí valoró a sus profesores.

¡De mi parte, maestros, GRACIAS! Mis hijos y yo les estamos en deuda. Cuenten conmigo.
 

Por: Francisco García Pimentel

Twitter: @franciscogpr   

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