domingo, 6 de septiembre de 2020

¿Por qué no nos miran?

Se dice que la comunicación política es una forma de alcanzar el reconocimiento y la confianza de su pueblo, claro mientras la implementen de manera correcta o por lo menos lo más allegado a lo que la sociedad y la democracia demande.

En estos tiempos de polarización, de insultos, de constantes diferencias entre unos y otros y de ser tan radicales de pertenecer o no al grupo que apoya y alude a quienes se encuentran actualmente en el poder, nos ha nublado la capacidad de análisis y crítica constructiva para tener todos, sí ‘t o d o s’ un mejor país y una mejor cantidad de oportunidades para mejorar nuestra calidad de vida.

La comunicación política es un escuchar constante de quienes visten de camisa blanca para quienes andan de a pie, como diría Maquiavelo “el príncipe prudente debe preguntar mucho, escuchar a todos los preguntados con verdadera paciencia y mostrar cierto resentimiento a aquellos que, contenidos por algún respeto, no le digan entera su opinión”.

Hacer y ser política es más que un arte, es un don, es una responsabilidad que debería de exigirles una plena excelencia en sus múltiples facultades. Los ciudadanos nos hemos aletargado y hemos permitido que a los candidatos políticos se les abran las puertas de los Palacios de Gobierno cada vez más fácil.

Los políticos no deben de ser vistos únicamente de una manera superficial, sino debería de observárseles a detalle para conocer más allá de sus intenciones primarias.

Ya lo hemos hablado en este espacio, la importancia de la comunicación no verbal que emanan cada uno de nuestros políticos. Vuelvo a reiterar que no es emitir un juicio o una reinterpretación con base a nuestro juicio moral o con nuestra oposición hacia los ideales políticos que representan, sino a lo que comunican con posturas, miradas, gestos, vestimenta y comportamiento.

Cuando escuchamos “la etiqueta” pensamos inmediatamente en la ropa, y no solo se refiere a ella, sino a la conducta que demuestran en cada una de las situaciones. Como por ponerles un ejemplo sencillo, no es lo mismo dirigir una conferencia de prensa a ser invitado para la toma de protesta de un jefe de estado en otro país.

Todos sabemos comportarnos de acuerdo a la ocasión y de los intereses. Ahora imagínese por qué las acciones de nuestro actual presidente no solo son criticadas, sino analizadas por los más altos expertos en el tema.

El protocolo no es una terquedad o un berrenchín, ni tampoco que es algo que pierda vigencia, en la política es atemporal, es determinante para que los ciudadanos reaccionen de alguna u otra manera.


Lo que ayer vimos en cuestión de imagen en el Segundo Informe de Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador es una carga de mensajes negativos.

Me gustaría incluso, mencionar algo positivo, y es que por primera vez le hemos visto portar un traje a su medida, de un color tan serio como el azul marino e impecablemente liso. Eso es de aplaudir a quien lo haya convencido de lucir cuidadoso.

Pero el resto de sus actitudes y movimientos corporales, de él y de su esposa Beatriz Gutiérrez Mueller nos dieron muchos mensajes que solo denotan una incomodidad, un cansancio e incluso cierta cólera.

Sus miradas que en repetidas ocasiones lucían perdidas, es decir mirando a cualquier otra parte que no fuera hacia el frente, hacia arriba, hacia la gente, hacia las cámaras.

La política se expresa principalmente por la mirada y el habla, el cuerpo y las posturas son el complemento del mensaje.

Laura Garza
Twitter: lauragarza

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