lunes, 28 de septiembre de 2020

Resultados son amores

Las mañaneras siguen muy lejos de ser un informe al pueblo, de rendición de cuentas ni hablar.

El viernes pasado, el presidente López Obrador expuso su conferencia, lo que en su apreciación, es el papel de la prensa en la presente administración, poniendo en evidencia su incomodidad por la cantidad de notas negativas con respecto al desempeño actual del gobierno.

Es de sobra conocido que al inquilino de Palacio Nacional no le gustan las críticas, lo que es más, siempre asume que hay una motivación maligna en todas ellas. 

La realidad es que, ni aún su más férreo crítico puede desear que a López Obrador le vaya mal, porque cuando esto sucede, a México también le va mal.

Periodistas van y vienen, más allá del transcurso de los sexenios, aún aquellos que fueron blanco de una obvia pero al mismo tiempo muy disimulada censura, como sucedió con nombres como Carmen Aristegui o Pedro Ferriz, cuyas voces fueron silenciadas parcial y temporalmente, pero que eventualmente hallaron su reacomodo y vigencia. 

El presidente se equivoca al asumir que quien lo critica es enemigo de la transformación. El beneficio de la duda, o la ciega confianza con la que millones de mexicanos le otorgaron la silla presidencial es evidencia que el discurso conciliador, la propuesta de solución y la promesa del cambio eran argumentos tan deseables como deseados por la mayoría de los mexicanos, incluso aquellos que no votaron por él.

Desde esta columna me declaro un amigo de la transformación. Soy enemigo de la tradición corrupta, del sistema anquilosado y podrido que no ha logrado empobrecer totalmente a un país demasiado rico para la carestía, pero no tan fructífero como para soportar un saqueo indiscriminado cada que la administración cambia de colores.

Y es que ahí radica el mayor de los problemas: desde que comenzó la alternancia en México lo único que se ha transformado son los nombres de las secretarías, los colores de las dependencias y los autores materiales e intelectuales de la estafa maestra en turno, y este sexenio no ha marcado ninguna diferencia.

Para muestra un botón: necesitamos un nuevo instituto para devolverle al pueblo lo robado por el Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado (Indep). 

Magnificar los problemas de las anteriores administraciones fue la receta perfecta para generar conciencia y ganar la preferencia del elector a fin de llegar al poder, sin embargo, ahora que se está a cargo del país, minimizar los problemas -viejos y nuevos- lejos de conducir a México a una transformación, será la tónica perfecta para la involución.

Resultados son amores, y la mejor manera de callar las voces es con realidades. 

Vale la pena acostumbrarse a las críticas, señor Presidente, y no recibirlas como un ataque; cualquier tomador responsable de decisiones se enfrentará con opiniones adversas, y con los resultados se apagan las voces disidentes, no con más discursos, especialmente cuando van vacíos de propuesta y llenos de quejas.

Vamos ahí, Andrés Manuel, también tus críticos son amigos de la transformación, sólo basta dejar los pretextos y crear las realidades.

Orson Ge

Twitter: @orsonjpg


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