martes, 6 de octubre de 2020

Cada quién sus números

El reto lo lanzaron al aire, pero tenía nombre y apellido.

La movilización del fin de semana pasada, respuesta más inmediata que natural a la afirmación del presidente acerca de su posible renuncia en caso de perder el apoyo de la gente, que para él se manifestaría en una marcha de más de 100,000 personas y una baja de popularidad en las encuestas, resultó ser más un termómetro del movimiento FRENAA por parte de sus observadores, que un aproximamiento al cumplimiento del compromiso.


El problema es que cada quién mide con diferentes estándares, y no nos podemos poner de acuerdo, pues mientras que notarios llevados al lugar de los hechos dan fe de una asistencia de más de 170 mil personas, un coordinador del mismo organismo, Jaime Sandoval, recorta la cifra a 153 mil, y la Secretaría de Seguridad Ciudadana del Gobierno de la Ciudad de México reduce el cálculo a unas 8 mil. 

Donde López Obrador sigue fuerte es en las encuestas. En ese terreno, el presidente alcanza hasta un 70% de aprobación. Basado en estos números, desde Palacio Nacional el mensaje es muy claro: quienes quieran una renuncia presidencial, tendrán que hacer valer su voz en la revocación de mandato de 2021.

Lo que no se vale es que el presidente quiera "etiquetar" a cualquier idea fuera de su movimiento como "régimen corrupto", asumiendo sin comprobar que cualquier disidente ideológico tiene motivaciones torcidas y nocivas, el hecho lleva de suyo no solo trasladar una especulación al señalamiento, sino abaratar el discurso que debería ser de más alto nivel en el país. Esas presunciones deben estar fuera del léxico presidencial. No es papel del ejecutivo emitir juicios de valor que enconen a sus gobernados, o que dejen fuera de la discusión a quienes ninguna autoridad competente haya señalado como culpables de falta alguna.

El mexicano debe estar por encima de este discurso. La diversidad de ideologías políticas es el camino a la democracia, un pensamiento distinto no sólo tiene tintes dictatoriales, sino que habla más de las intenciones ocultas de quien usa el discurso, y no tanto de quien recibe el ataque.

Volviendo a los números, no importa si cada quien lleva sus propias cuentas para fines mediáticos, lo que es digno de señalar es que mil, ocho mil o cien mil, es un grupo numeroso el que está dispuesto a moverse para decir: "no estoy de acuerdo".

FVV

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