lunes, 5 de octubre de 2020

La llama anti democrática

 Sí, el reto lo lanzó el mismo presidente.

Sí, es muy probable que más de 100,000 personas se hayan dado cita en la plancha del zócalo. 

Sí, son más de 60 millones de mexicanos los que no votaron por López Obrador.

Pero la democracia no funciona así. Y la realidad es tan simple como eso.


México debió estar listo para momentos como los que se están viviendo hoy desde hace mucho tiempo, pero no lo está. La agitación que vive el escenario político y social en nuestro país el día de hoy, no es sino el resultado de un liderazgo igualmente agitador y que en nuestro día solamente vive el resultado de la constante inflamación popular hacia los dos hemisferios de la voluntad política.

El presidente sabía bien lo que hacía cuando lanzó el reto a sus opositores: les puso el termómetro en la boca y la lectura fue rápida, incluso tal vez casi inmediata para sus cálculos.

Y es que la voluntad popular se mide entre aquellos entre quienes están dispuestos a movilizarse por una causa. Las voces inconformes que prefieren quedarse en casa -y quiero enfatizar cuando se dice preferir- aún no representan una indicador de cuidado para el status quo.

Sin embargo debemos entender que la democracia no funciona así, y el intentar forzar una decisión por una vía que no sea la establecida por las vías institucionales no sólo resulta infructuoso sino también riesgoso.

Los ojos del mundo no están sobre México, y eso lo tenemos claro, sin embargo, la figura de López Obrador comienza a tomar relevancia en la opinión internacional como la de un hombre que concentra peligrosamente todo el poder de un país en la palma de la mano, un poder errático, reaccionario, y sin una estrategia colectiva más allá de una agenda unipersonal.

Pero vale la pena pararse a pensar en las consecuencias que traería ante la comunidad internacional que la ventana con la que puede asomarse a México exhiba no a un sector de la población que está en desacuerdo con la política pública o las decisiones en terrenos tan delicados como la salud, la economía o el combate a la corrupción, sino una estructura incapaz de auto gestionarse, irrespetuosa de la vía democrática y reaccionaria al grado del absurdo.

Es un hecho que existe un amplio sector que no está de acuerdo con la forma en que se está gobernando a México, pero también debe ser claro: FRENAA no los representa a todos.

Una voluntad, por más popular que sea, que pretenda arrancar del poder a una figura instalada por la vía democrática, cuando esta es genuina, no es sólo malsana, sino que es la puerta de acceso a un caos generalizado.

Se debe entender que México no puede retroceder a una realidad como la de los inicios de su vida independiente: en la que presidentes entraban y salían según la voluntad de unos cuantos que lograban imponerse cualquiera que fuera la vía. Nuestra democracia, nuestra sociedad, y más de 200 años de historia son mucho más que eso; lo que es más, el mundo entero espera más de nosotros: una de las 20 economías más grandes del mundo, a pesar de todo.

Pero nada de lo que se vive hoy es gratuito ni de generación espontánea: el brasero de la inconformidad, de la protesta popular se alimentó y se azuzó en exceso durante 18 años, y el presidente a su llegada a Palacio no hizo sino repetir sus movimientos una y otra vez, olvidando voluntaria o involuntariamente dar reposo a esos abanicos que le ayudaron a prender finalmente la llama de la esperanza con promesas cumplidas, con recursos bien direccionados, con un alto al latrocinio y al dispendio, sellos de una época que prometió enterrar, pero que una y otra vez saca de la tumba para justificar sus desatinos.

Hoy el fuego de una transformación que tiene más cara de involución, sigue consumiendo a sectores de la sociedad que encendidos siguen avanzando uno en pos del otro, sin observar la destrucción que van dejando a su paso.

Vale bien la pena recordar que vivimos en una democracia y que ésta se sujeta a normas, que a su vez nos dan certidumbre de que nos estamos dirigiendo hacia donde la mayoría lo propuso. Vivir fuera de esa realidad es el camino a la anarquía y el desorden.

Una de las más ciertas realidades hoy, es que México vive agitado, porque el escenario está lleno de personajes con esa característica. Se viene la hora en que este país precisa un futuro sereno y ordenado, bajo la pauta democrática, la vía institucional y las miras del desarrollo.

Si usted, amable lector, quiere otra realidad, una distinta a la de hoy, deposite su voto en las urnas la próxima vez que tenga oportunidad de hacerlo.

Pero antes de que llegue ese día, por favor infórmese, pregunte, lea, analice, compare, y sobre todo, proyecte a futuro, su país y un servidor se lo vamos a agradecer.

Orson Ge

Twitter: @orsonjpg

 

    

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