sábado, 14 de noviembre de 2020

Como al gringo anaranjado

Me separé del papá de mi hijo apenas pude. Así como suena. A los quince días de haber nacido mi Toño por cesárea, en cuanto mi cuerpo me lo permitió, hice maletas como pude y con lo indispensable, huí a un refugio porque no tenía ni el apoyo de mi viudo padre, pero pues preferí estar sola por el resto de mi existencia, que permitir que esa nueva vida que me fue encomendada, creciera aprendiendo a tener una conducta normalmente alcohólica y violenta contra la mujer. 

Cuando tomé la decisión de truncar la cadena de contagio de la descomposición social que le había tocado rifada en su nacimiento a mi Toñito, lo hice consciente de que no la tendría fácil por mi condición de mujer y de mamá soltera, pero nunca imaginé lo cabronamente difícil que la tendría que pasar ocho años después con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Cuando mi Toño estaba más chico, pude estudiar una carrera gracias a las estancias infantiles y algunos apoyos, y recién titulada abogada, ejercí empleada del gobierno federal, pero al llegar la cuarta, por quienes nos indicaron votar, nos recortaron por instrucciones de austeridad. Obviamente, nos intimidaron con amenazas de nunca más recontratarnos en gobierno, pero yo no me dejé amedrentar y demandé, pero sé que el asunto estará en pleito por muchos años y en eso, mejor ni pienso ahora, que ni los tribunales están abiertos. 

Con este gobierno, la situación se nos puso bien complicada y tuve que trabajar el año pasado atendiendo una farmacia durante el día y como conductora de uber hasta las madrugadas, pero ahora, la cosa se ha puesto peor con la Covid-19 y el gobierno que no apoya, pues la farmacia me sacó por una inspección del seguro social, y el dueño del carro por desempleo propio, decidió convertirse en chofer y sustituirme porque, aparte, le debe una lanota al SAT. 




Desde entonces he tenido que hacer cuanta chamba salga, como labores de recepción por 12 horas en un edificio de oficinas los lunes, martes y miércoles, hacerla de hostess hasta bien tarde en una cantina muy retirada de aquí, de jueves a domingo, con la única ventaja de que una vez a la semana te dejan llevarte un poco de la comida que están por tirar… 

Estoy bien desesperada, la verdad. Ya del acoso ni hablamos porque no paro de llorar: nos avisaron que van a tener que recortar sueldos por la crisis y no sé cómo le voy a hacer para pagar la renta cada semana, la comida que ahora hacemos solo dos veces al día, el transporte a la chamba, la luz y el gas. ¡Ya estoy harta de andar buscando monedas que no voy a encontrar, entre los sillones de la sala que no he terminado de pagar, pa’ ver si acompleto para almorzar! 

¡Estoy hasta la madre estar viviendo de prestado! ¿Y si alguno se enferma? ¿Qué chinghuahuas hago? ¿Esta gente del gobierno piensa que así les vamos a estar aguantando? Por mi madre que no. Hoy mismo voy a sacar cita para mi credencial de elector y voy a hacerle caso a la vecina que me dijo que había que organizarnos para ver cómo hacemos para que en 2021 se nos vayan mucho al carajo, así como le hicieron los gringos con el anaranjado, porque será el sereno y lo que quieran, pero antes, al menos teníamos para comer tres veces al día y se podía trabajar.

J.S. Zolliker
Twitter: @zolliker

Publicar un comentario

Whatsapp Button works on Mobile Device only

Start typing and press Enter to search