viernes, 13 de noviembre de 2020

Forma es fondo: un buen vecino

Imagine que su vecino acaba de ser papá... 



Durante meses vio a su pareja notoriamente embarazada, días previos intercambiaron palabras, se dio cuenta que son una pareja formal, viven en convivencia evidente y además manifiestan amor del bueno. 

Con el tiempo usted y sus vecinos adquieren confianza, la que les permite hablarse con soltura ... el día llega, sus vecinos se van al hospital y días después regresan con un bebé en brazos, se encuentran en la puerta de casa, los demás vecinos los felicitan, todo indica que el nacimiento fue tranquilo, los padres le muestran con orgullo a su “bendición” y usted decide no felicitarlos, entonces argumenta:

Vecino: hasta que me muestres el estudio médico que confirma técnica y científicamente que es su hijo los felicitaré.

Que poco diplomático, ¿no ? 

Si no entendió mi ejemplo se lo explico: resulta que “el vecino” del norte ya cambió de padre y ahora es Joe Biden quien habitará la Casa Blanca, es decir, todo indica que Biden es el ganador, los vecinos del barrio y los de otros barrios ya lo felicitaron, pero el vecino del sur decidió no felicitarlo, argumenta que requiere una validación técnico electoral para felicitarlo y se mantiene en su dicho, no congratula ni saluda a Biden.

En riguroso y estricto sentido suena técnicamente bien, pero aquí es cuando entra la diplomacia, esa que no siempre coincide con la técnica, esa que en ocasiones raya en la cortesía, decencia y buenas costumbres, acciones que a la postre generan paz y tranquilidad en todo tipo de relación, en este caso tranquilidad para todo un país .

Los Estados Unidos de Norteamérica son el país más poderoso del mundo, pero no solo eso, son el principal socio comercial de México, entonces, ¿por qué no hacer lo que le conviene a México y aferrarse a la visión unipersonal y hasta incongruente de monolito? 

Cuando la política no da, la diplomacia rescata y ni Andrés Manuel López Obrador ni su canciller Marcelo Ebrard han demostrado altura diplomática, a mi juicio, es más un berrinche revolucionario en su afán de aparentar ser “izquierdistas”, “independientes” o vaya usted a saber qué quieren demostrar.

México, país de tradición pacifista y amigable siempre se ha caracterizado por su educación y cooperación; no se confunda jamás con servilismo, pero justamente esos valores positivos que nos han ganado un lugar en el escenario mundial como “país amigo” del mundo ahora está en juego por un berrinche unilateral.




Forma es fondo y el día de hoy y mañana también, Joe Biden puede pensar cualquier cosa, ya varios representantes demócratas de la frontera, muchos de ellos con raíces mexicanas, han mostrado su extrañeza con la decisión de López Obrador, es decir, son políticos del mismo partido de Biden y que cuentan con capacidad de opinión y decisión que seguro le hablan “al oído” a Joe.

Insisto: la mala forma de Andrés López, que no de los mexicanos, podrá generar problemas en la relación bilateral o podrá pasar de noche ante los ojos de Joe Biden, eso solo el tiempo lo dirá, entonces la pregunta es: qué necesidad de ponerse así, como vecino berrinchudo y maleducado, para qué dar una mala forma que haga suponer un mal fondo.

Una simple llamada habría arreglado todo, y con diplomacia dejar en claro que México no es “intervencionista” pero poniendo por delante la educación, los valores, las buenas formas y la camaradería que caracteriza al pueblo mexicano, ¡pero no ! 

Un berrinche (repetiré la palabra tanto como sea necesario) de un supuesto izquierdista moderno “embarra” a todo un pueblo, al de México, pueblo que si entiende el significado de la frase ser un buen vecino.




Ramiro Marmolejo Galindo
@marmol_digital

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