martes, 8 de diciembre de 2020

No no engañemos: el coronavirus no sabe convivir

Existe un tema que no sale de las mentes de muchos tapatíos desde que se realizó el polémico anuncio la semana pasada: el regreso de los estudiantes a las aulas



Las opiniones están claramente divididas, mientras hay un sector de la sociedad que por distintos motivos, y con una sobrada confianza acerca de su salud personal, prefieren que los pequeños regresen a sus distintos planteles, aunque sea por unas horas, y aunque sea por unos días, existe otro tanto que ve en la explosiva portabilidad del coronavirus un riesgo para su familia y los suyos.

El Gobierno del Estado ha sido enfático desde que abrió las puertas del estadio de Chivas para un "experimento" que calificó de exitoso: "debemos aprender a convivir con el virus"

Sin embargo, la evidencia nos muestra que este virus no sabe convivir con la humanidad; si bien un poco más del 90% de quienes contraen la enfermedad se recuperan, no se debe hacer a un lado que más del 8% encuentran una experiencia letal tras ser contagiados y más del 37% desarrollan secuelas que permanecen durante semanas, e incluso meses, que van desde consecuencias no tan alarmantes como son la pérdida temporal del olfato o el gusto, han llegado incluso a las neurológicas.

El mayor problema es que la ciencia aún sabe muy poco del virus: de cómo contrarrestarlo, de cómo actúa y del por qué de sus secuelas. 

Cualquier individuo puede cuidarse como le resulte pertinente contra el contagio, pero no nos engañemos: el coronavirus no sabe convivir.

Si bien se ha hablado mucho de las comorbilidades de una enfermedad que apenas tiene un poco más del año entre nosotros, la evidencia nos muestra que existen personas con diabetes e hipertensión que han sobrevivido a su encuentro con el virus, también las hay quienes con un estilo de vida aparentemente sano, cuidado y disciplinado, han concluido en el lado trágico de esta anécdota que está aún lejos de terminar de contarse. 

La discusión va más allá de las aclaraciones acerca de que el mencionado regreso será voluntario y optativo para cada padre de familia. El verdadero punto de la discusión radica en el potencial aumento exponencial de contagios una vez que se diera este retorno a las aulas, que será confirmado o descartado el próximo 11 de enero de 2021.

Otros países nos hicieron favor de experimentar y el resultado no fue positivo. Tanto en Estados Unidos como en Europa, a pesar del mentadísimo argumento de "seguir todos los protocolos de seguridad", se tuvo que retornar al modelo de aislamiento, y quienes no lo han hecho, como Italia, experimentan serios rebrotes que tienen en serios aprietos a los gobiernos locales, estatales y por supuesto a sus respectivos presidentes ante los distintos sectores que velan por intereses particulares y que en ocasiones se alejan de los colectivos.

El modelo propuesto es vulnerado por dos indiscutibles realidades: 

- Al virus le bastan 15 minutos para pasar de una persona a otra, no importa que se recorten las jornadas a 4 o 5 horas. Un sólo niño descuidado o asintomático puede hacer un verdadero caos. Los maestros son docentes, no personal médico capacitado para dar clase y al mismo tiempo controlar los famosos protocolos, de los cuales muchos han resultado ser simplemente ociosos, como el tapete "sanitizante".

- En poco ayuda que los niños vayan un día sí, y un día no; si bien tener menos alumnos en el aula reduce la posibilidad estadística de contagio, un pequeño descuidado o asintomático representa la posibilidad de un brote, no sólo dentro del recinto escolar, sino en todos los hogares que resultan expuestos, pensando también que un infectado es contagioso por un período aproximado de 5 días en el menor de los casos.

Logísticamente, representará un reto para los padres trabajadores el hecho de que las jornadas recortadas le impliquen traslados en menos tiempo, máxime el tener que ajustar la jornada a que ciertos días sea de un modo, y otros tantos, de otro.

De corazón esperamos que se medite a fondo esta propuesta y sus implicaciones. El impacto a la comunidad puede dar seria marcha atrás a lo logrado en uno de los estados que mejor manejo ha hecho de la pandemia en México, y sería una lástima que tal retroceso obedezca a fines electorales.

Con la discusión acerca de la llegada de la vacuna ya en la agenda, y mientras en la Secretaría de Salud ya se organiza una campaña de vacunación que se llevaría a cabo en el transcurso de 2021, más vale no perder la paciencia, y aún más, no precipitarse

Orson Ge
Twitter: @orsonjpg 

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