domingo, 6 de diciembre de 2020

Si tan solo los mirara

El horror estético es eso que aparece en una fotografía y no nos gusta, nos causa repudio, enojo, enfado, fobia, odio, ansiedad, malestar, tristeza y todas esas emociones negativas.

Es ver lo que no esperábamos, lo que no deseábamos darnos cuenta, pero que al ser capturado en el instante donde no estuvimos presentes, se nos pierde la mirada en un parpadeo y sentimos decepción y un horror que desmorona lo que construimos en nuestra mente.

Hasta aquí vamos entendiendo que una fotografía puede desenmascarar una supuesta verdad, pero que era una mentira y también puede destruir una narrativa de mucho tiempo y un discurso tan concreto puede volverse inútil.

Andrés Manuel López Obrador vivió durante muchos años como una víctima, como un político que decidió vivir en campaña política diaria y sin descanso, con un discurso de vehemente opositor y sobre todo con un conjunto de premisas que lo colocaban como el hombre más y mejore preparado para atender y resolver las distintas problemáticas de nuestra sociedad mexicana.

Todos sabemos lo que ha pasado conforme han avanzado sus dos primeros años en el poder mexicano, y dado que este espacio es más de análisis visual, pasaremos a ello.

Las tres fotografías que circularon este fin de semana, fue como un bombardeo digital en donde no hubo nada que las pudiera detener o que, incluso, alguien del equipo del presidente pudiera demoler el mensaje que él mismo estaba enviando y que muchos mexicanos interpretamos.

Si bien, no todos los mexicanos están en las redes sociales, son muchos los que sí y son suficientes para desatar una ola de comentarios de decepción y preocupación por nuestro mandatario.

Las primeras dos fotos que vimos fueron las tomadas por el fotoperiodista Víctor Medina en el Estado de Baja California, mientras el presidente a bordo de su Suburban presidencial se ve descubierto por la señora María Carolina Peña, mamá de Sunshine Antonio Rodríguez Peña, líder pescador de San Felipe, quien fuera trasladado a la FGR de Mexicali por una supuesta relación con la delincuencia organizada en particular, en lavado de dinero.

La imagen era el rostro reflejado de una señora mayor mirando de frente al presidente, mientras que él con su puño cerrado y colocado en su mano, la mira hacia abajo, al menos desde la posición de Víctor.

Hasta aquí, usted podrá leer e imaginar que no pasa nada y que solo es un encuentro de esos que suceden cuando el presidente realiza recorridos, sin embargo el propio López Obrador quien ha proliferado el valor de escuchar al prójimo, de velar por los más pobres o los más afectados, deja su ventana arriba y prefiere colocar una barrera impenetrable entre la gente y él.

Aquí pondría dos escenarios a analizar, el primero desde el propio origen de la fotografía, en donde Víctor se colocó gracias a su altura en una posición envidiable y entre la ráfaga que dispara desde su cámara, captura este microsegundo, en donde el presidente le dirige la mirada de esa manera a doña María Carolina.



Desconocemos si después de eso, el presidente le haya hecho algún tipo de señalamiento de haberla escuchado, o meramente algún tipo de mueca. No lo sabemos y solo podemos basarnos en esto que usted y yo vemos.

Segundo, hay quienes creen que López Obrador hizo lo correcto al ponerse en riesgo por el COVID-19, sin embargo bien podría colocarse su cubrebocas o una careta (que no dudo que trajeran allí) para atender un poco a la gente.

Si usted y yo lo hemos visto sin cubrebocas conviviendo con su gabinete en las mañaneras o visitando a gobernadores en eventos oficiales sin portar uno, entonces no fue la razón por la que no decidió bajar la ventana.

La segunda foto fue de este mismo momento que parece ser que duró un par de minutos en lo que la camioneta podía avanzar, pero desde otro ángulo, también tomado por el hábil Medina que supo cubrir distintos ángulos y en esa sí pudimos ver la molestia y enojo de la mujer que logra acercarse hasta la ventana directa del presidente para ser escuchada.



¿Quién decide qué escuchar y qué no? ¿Cómo se evalúan las necesidades urgentes de los mexicanos? En ella vemos a una mujer, a una madre exigiendo respuestas y sobre todo la verdad sobre el caso de su hijo.

Pero la ventana blindada que divide la posición élite del presidente ante la inferioridad del pueblo, ese que se reunió en su camino para aplaudirle, o para exigirle. Porque ambas se valen.

No es lo mismo juzgar desde la cómoda postura de una oposición, a convertirse en carne y hueso en quien ocupa la mayor silla del país para atenderlos a T O D O S.

Bien dicen que las imágenes pueden servir a propósitos opuestos, esta es clara. Él no está con la gente.

Gèrard Wajcman lo define bien, somos la civilización de la mirada, y si lo que pasa no se puede ver a través de una imagen fija o en movimiento, no es real.

Entonces los meros discursos y las frases llenas de politiquería no tienen sustento si no hay un cúmulo de imágenes que las corroboren, que le den soporte y que la gente, esta que conformamos parte de la civilización de la mirada, las creamos y las tomemos como parte de la realidad de lo que el presidente dice y hace.

La tercer imagen sigue siendo en Baja California, en Rosarito, donde padres de niños enfermos de cáncer también atracaron el recorrido del presidente con las exigencias propias y lícitas de quienes están viendo cómo sus hijos y cómo sus cuerpos se desmoronan día tras día por no tener acceso a los tratamientos adecuados.



Aquí tenemos una vista distinta, alguien desde la ventana del piloto, donde manejaba el chofer vemos a un presidente ignorando por completo a los padres y a un menor de edad que le coloca una pancarta en su ventana diciendo que quiere vivir.

Volvemos a ese microsegundo en el que es fotografiado con una chamarra de marca, con el cuello levantado como otra barrera más de él hacia la gente, con su mirada puesta al frente hacia la nada, como si fuera un rockstar afamado por sus fans, como si no fuera el presidente de un país, como si no fuera nadie.

Es preocupante que su equipo de trabajo y su gente cercana no lo guía, no le aconseja, no lo ayuda. Hoy en día todo puede verse y por lo tanto, todo puede desenmascararse por una imagen.

Es grato saber que nuestra sociedad vive vigilando a través de una cámara, porque quienes no vivimos en Baja California sentimos el mismo rechazo y repudio por parte del presidente.

Habría que pensar en que la ilusión del poder, termina cuando alguien por ahí lo fotografía ignorando sus compromisos y responsabilidades como quien se enviste en el líder de un país que está lleno de problemas, pero que bien podrían ir encontrando soluciones si tan solo se les volteara a ver.

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