jueves, 7 de enero de 2021

Creer en la mentira

Nada bueno puede venir cuando se quiere tomar por la fuerza lo que no corresponde a la razón. 

Los eventos vividos el pasado 6 de enero en la ciudad de Washington son la clara evidencia de la magnitud a la que puede llegar un desastre cuando un megalómano desinsertado de la realidad tiene poder de convocatoria y un nutrido canal de comunicación abierto. 


Le puedo asegurar que la gran mayoría de los asistentes a los disturbios que dieron la vuelta al mundo creían sinceramente en lo que hacían, y creían que sus actos se sustentaban en una razón digna de cualquier tipo de consecuencias, dieron por verdad lo que la evidencia ha demostrado es mentira.

Una turba de miles de personas no se mueve, especialmente de la manera en que sucedió ahí sin una convicción de justicia y verdad; sólo hace falta uno o algunos maestros manipuladores para encender la mecha y entonces "que arda Roma". 

El aún presidente Donald Trump grabó un video, lo colgó en sus redes sociales y les dijo que les habían arrebatado la elección, que fueran hasta allá y se mostraran enérgicos para dar valor a los republicanos que habrían de defender la legalidad de la elección, a pesar de que una noche antes, el mismo Vicepresidente Mike Pence había dejado en claro su postura: ratificaría los votos del Colegio Electoral.

Por supuesto, esta columna no sugiere que Trump habría diseñado una tabla de tiempos en la que los disturbios se agravaran metódicamente al grado que se sucedieron, sin embargo, las cosas se salieron de control a medida que el presidente callaba mientras sus incendiados seguidores subían el tono de la protesta.

Incluso, el supuesto llamado a la paz fue más una indulgencia y hasta un agradecimiento a la "defensa" de su causa, que una reprimenda a los modos.

Corrió sangre, se perdieron vidas... ¿el ego de un hombre lo vale?

Y hablamos del ego porque hasta el momento no se han presentado pruebas del supuesto "fraude" que tanto ha manoseado la retórica trumpista y que además de todo ello, ha sido desestimado más de 30 ocasiones por tribunales electorales en diversos estados de su nación.

Ni una suposición, ni cientos de sospechas se equiparan al valor de una vida, y hasta el momento se han perdido ya cuatro que basados en la evidencia, se presume, murieron en vano, dando por verdad lo que es falso.

El único pecado de estas personas fue creer una mentira. 

Este es definitivamente un espejo en el que México debe mirarse a futuro, pues la historia electoral de nuestro país está plagada de mentiras muy similares. Hemos vivido, y estamos viviendo en carne propia, las consecuencias de la polarización de un fraude que nunca se demostró, no podemos olvidar la "verdad histórica" de los 43, ni la insurrección zapatista en Chiapas, que Vicente Fox prometió en campaña resolver en "15 minutos" y que ni seis años le bastaron para lograrlo.

Pero la parte más aterradora de este espejo, es la violencia, la sangre, el arrebatamiento de la vida en pos de una convicción política verdadera, sustentada en una mentira.

Hoy existe en México un grupo radical, capaz de aplaudir la injusticia y sacarle los dientes a la congruencia si el liderazgo así lo considera y lo requiere, y a la luz de lo que pudimos atestiguar ayer, debemos estar muy cautos de lo que alguna vez llamaron "el tigre".

¿Pero qué pasa si ese tigre está sinceramente equivocado?

En un infinito de posibilidades, sólo podemos concluir que las ideologías no deben costar vidas

Orson Ge

Twitter: @Orsonjpg

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