sábado, 23 de enero de 2021

Pasa la voz: nuevos fraudes

 El motivo de mi llamada es para informarle que tiene usted un saldo a favor en sus puntos BBVA acumulados, pero que vencerán mañana.



–No me diga –contestó con cierto alivio de saber que no le llamaban para exigirle el cobro atrasado de su tarjeta de crédito. 

–Por servicio a clientes como usted, el banco se los está canjeando por un electrónico de alta gama, y por el saldo que maneja puede elegir entre una tableta Samsung A1 o una cámara GoPro, misma que le haremos llegar a su domicilio esta tarde. ¿Cuál prefiere: la tableta o la cámara? 

Como ya tenía un iPad, eligió la cámara GoPro, quizás le serviría para llevarla en el auto o vigilar su casa. Total, de lo perdido, lo que aparezca.

–Muy buena elección –se congratuló la señorita después de confirmar su nombre completo, su número de cuenta y dirección–. Hoy por la tarde llegará a su domicilio un mensajero para entregársela. Por favor –le indicó con ese conocido tono cansado de quien repite lo mismo muchas veces– verifique que la mercancía se la entreguen cerrada y no la reciba si el paquete ha sido abierto. Nuestro compañero, únicamente llevará un dispositivo electrónico interno del banco en el que deberá introducir su tarjeta para descargar sus puntos. Por último, le recuerdo que por su seguridad, ninguno de nuestros mensajeros ni de nuestros empleados le deben cobrar importe alguno ni solicitarle alguno de sus datos confidenciales, así como su nip de cajero electrónico o su número de cliente. ¿Tiene alguna duda o alguna otra cosa con la que le pueda ayudar? 

Poco antes de las cinco de la tarde le llamó el mensajero para confirmar la dirección de entrega y una hora después, se apersonó junto con una joven acompañante que parecía estar aprendiendo y tomando notas. 

Traía cargando el paquete, una tabla portadocumentos, un celular y un dispositivo electrónico algo aparatoso. Muy amablemente, pero con prisa, le comentó que le había costado trabajo llegar y que aún le quedaban algunas entregas más. “¿Qué hora es?”, le preguntó y después le entregó una cámara GoPro Hero 3 en una caja de empaque transparente. 

“Le entrego con los sellos intactos, la caja cerrada como puede ver está en perfecto estado”, le reiteró con cierto agobio, mientras hacía rápidas anotaciones, tecleaba datos en el aparato y revisaba y pasaba varias hojas apresuradamente. “Ya nada más de favorcito, firme acá de recibido con la leyenda ‘recibo a cambio de puntos’ y permítame su tarjeta con el chip por delante”. Ella hizo lo indicado e introdujo el plástico en la ranura mientras aquél, con un gesto algo exagerado, giró la cabeza hacia otra dirección para demostrar que no le interesaba ni por error, mirar su firma electrónica, misma que el aparato solicitaba en la pantalla.

Después, con presteza, le solicitó que retirara su tarjeta. Le agradeció su preferencia y preguntó indicaciones para la ruta más corta hacia el sur. Al cerrar la puerta, con mucha emoción, pensó en qué haría con la cámara sin saber que en ese momento, le acababan de descontar de su cuenta 20 mil pesos por el pago en una terminal de clip que autorizó con su propia firma electrónica y que todo fue video grabado por la señorita acompañante, como prueba irrefutable de un intercambio comercial voluntario. Veinte mil pesos por una GoPro descontinuada y con un valor ridículo. Veinte mil pesos que no podrá recuperar del banco ni de los rateros porque en este país de impunidad, toda transa se puede y el inocente paga muy caro la ingenuidad y la buena fe. ¡Cuidado! para que no les pase a otros, por favor, pasa la voz. 

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