martes, 26 de enero de 2021

¿Por qué la duda?

No habrá otro tema de conversación hasta el nuevo bombazo informativo: El presidente tiene Covid.


Lo primero, muy loable: quienes que en las conferencias matutinas se implican como descorazonados "adversarios", expresaron públicamente los mejores deseos de pronta recuperación a López Obrador, apenas lo necesario en términos de comunicación política, pero lo más humano en un momento en el que la persona más importante de México se encuentra en un momento delicado de salud.

Lo que sucedió después, innombrable: quienes se constituyen a sí mismos como enemigos del régimen, desearon todo tipo de calamidad al presidente, y eso no se justifica bajo ninguna circunstancia. Algo muy normal es ser crítico y hasta disidente, pero el mal no se le desea a nadie, por ahí no es. 

Después del golpe inicial que representó la noticia, vino la segunda reacción, y ahí coinciden muchos: existe un nutrido grupo de personas que ponen en entredicho el contagio del presidente, y de ahí mi pregunta, objeto de este artículo: 

¿Por qué la duda?

Es cierto, justo antes del domingo, el tema de conversación giró en la publicación de un libro en el que se cuestiona ampliamente la estrategia de salud empleada por el Gobierno de México y el manejo de la información que se ha derivado de situaciones que se anticipan meramente de orden político y es justo ese manejo en ocasiones evidentemente discrecional el que ha levantado las teorías de los más sospechosistas en distintos foros, Twitter el que más.

Sin embargo, esta especulación no aporta a la discusión, por el contrario, empobrece la línea del pensamiento llevándola a escenarios utópicos en los que se malgasta el tiempo. 

Es verdad que de entrada resulta conveniente para el discurso de austeridad y abnegación patriota el hecho de que el presidente resulte contagiado, poniendo en la discusión que fuera muy probable que ninguna del cerca de medio millón de vacunas que llegaron a México hayan tenido como destinatario al presidente, sin embargo la información es una: el primer mandatario de México se encuentra convaleciente, y ese sólo hecho merece todo el cuidado que se le pueda tener. 

El presidente es de voluntad fuerte, y sólo una causa de fuerza muy mayor le haría delegar el ejercicio de la conferencia de prensa mañanera, uno de sus más importantes bastiones y estandartes de estilo de gobernar, eso no debe pasarse por alto.

Sin embargo, también haría bien el presidente, pasado todo este asunto en replantear el tratamiento de un tema tan importante como lo es la salud pública. Él forma parte de un muy reducido grupo que tal vez no haya recibido la vacuna, pero que gozará de amplia y puntual atención médica, privilegio que no goza una población que tiene que librar angustiosas horas de espera para recibir atención hospitalaria y la terrible falta de insumos para pacientes COVID, que cada día es más pronunciada. 

Bajo esta premisa, desde la tribuna más vista y frecuente del país, valdría la pena que el presidente comience a promover el uso del cubrebocas, se redimensione la importancia de las pruebas de contagio y sobre todo, si tanto se ponderan los riesgos económicos, se comiencen apoyos reales a la estructura productiva del país, para que no sea otro millón de empresas el que tenga que sacrificarse por la inacción de un gobierno que hasta ahora no ha dimensionado la cantidad de pequeños empresarios que perdieron el esfuerzo de una vida y que no tienen perspectivas de futuro ante una situación que aún está lejos de llegar a su fin.

La pregunta también es para ellos: 

¿Por qué la duda?

Orson Ge
Twitter: @orsonjpg


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