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Aún hay tiempo

Todos los días, somos testigos de cómo cualquier familia mexicana hará hasta lo imposible para intentar salvar a uno de los suyos. Parejas, padres, hijos, hermanos, tíos, compadres, primos, vecinos, amigos y hasta desconocidos, a diario se suman a la tarea de intentar localizar tanques de oxígeno, cama en un hospital, o una ambulancia que pueda trasladar a una persona grave de Covid-19. 



Los mexicanos, no escatiman recursos cuando se trata de salvar vidas. No es raro encontrar casos de personas vendiendo sus activos y fuentes de empleo como sus autos o sus negocios, o de gente empeñando sus propiedades, rematando sus posesiones y pidiendo prestado para comprar un concentrador de oxígeno, o para conseguir medicamentos importados, o para lograr internar a un ser querido en un hospital, porque, a fin de cuentas, para los mexicanos, bien dice el dicho popular, “los bienes están pa’curar los males” y ya vendrán tiempos mejores para reponer las cosas materiales. 

Por lo anterior, extraña que el gobierno electo por la mayoría, no actúe igual que sus gobernados ante una emergencia nacional que se adivina como una de las más atroces de la historia de México: cientos de miles de muertos por una pandemia fuera de control, millones de negocios quebrados y desempleo sin igual, son apenas un asomo de lo que ya sucede y que nuestras autoridades prefieren no afrontar.

Dicho más claro: en plena pandemia y desoyendo a voces sensatas y expertas, el Congreso y el gobierno han preferido gastar el dinero de los mexicanos, en las poco viables obras del aeropuerto de Santa Lucía, en la refinería inundada en el pantano de Dos Bocas, en el Tren Maya y el tren a Toluca y hasta en estadios de béisbol, que en cuidar de la salud y el empleo de los propios mexicanos, de su propio pueblo.

Es verdad. Están en lo cierto quienes afirman que no había forma de evitar la pandemia de COVID-19 en México. También es un hecho irrefutable que México –como muchos otros países–, ya sufría de otras pandemias (enfermedades de propagación mundial) no infecciosas como la obesidad, tiempo antes de que se detectara el virus del SARS-CoV-2.

Pero nada de eso, justifica que el gobierno abandone a su pueblo en el momento más crítico y vulnerable, y que México sea en este momento, el segundo o tercer país con más excesos de muertes en el planeta. Sépase que es una sórdida mentira y una excusa infame, afirmar que estamos viviendo solo las consecuencias de problemas prevalecientes y que se está haciendo lo mejor que se puede para superar este “trance”.   

Aunque no les guste, sí había –y aún hay– forma de evitar tantas muertes y una crisis nacional tan grave que nos tiene como país y sociedad, en un estado catastrófico, pero la soberbia y la artificiosa idea de ser partícipes de un tiempo histórico único que requiere de filas obedientes y disciplinados, en lugar de funcionarios inteligentes y críticos, les impiden ver la realidad para rectificar y corregir el rumbo. 

Abran los ojos. La estrategia actual, no funciona. Si seguimos así, seguirá muriendo mucha gente y además, se multiplicará la brecha que existe entre la formalidad y la informalidad, entre la creación de riqueza y la miseria. Por favor, es una locura seguir haciendo lo mismo, esperando resultados distintos de los que ya hemos obtenido. Cada día cuenta. Sí había, pero más importante, aún hay, tiempo y formas, de hacer las cosas diferente.

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