sábado, 27 de febrero de 2021

El perpetrador

Es un hombre de notables cualidades: viste bien y con buenas marcas, pero discretamente. Culto, amable y simpático, hace reír a los demás. Se le conoce como una persona social y económicamente exitosa, y se le reconoce una agilidad mental por encima del resto. No por nada es apreciado internacionalmente y tiene amigos y conocidos poderosos y famosos. Viaja frecuentemente y se nota; su plática es interesante, cosmopolita, envolvente. 




Es sumamente educado, profesional, caballeroso y sin duda trasmite un aire protector. En cada ocasión que puede, refrenda en lo público y en lo privado su papel como guardián de sus amistades, de las confianzas que le han sido depositadas y sobresale como un justo y desinteresado defensor de las causas nobles. Ávido de conocimientos, filosofía y sociología, disciplinado y avezado, ha aprendido a leer y descifrar muy bien también, a sus víctimas, a quienes reconoce de inmediato con el ojo de un cazador bien entrenado. 

Ellas, son mujeres jóvenes y guapas, a veces más impresionables por la corta edad, pero que siempre tienen sed de crecimiento profesional, anhelos de sueños por alcanzar, deseos de independencia y logros económicos, ganas de triunfar, y que requieren de un mentor o de un poderoso benefactor. Entonces, comienza él con un halago –quizás profesional–, el regalo de algún objeto simbólico e inofensivo y si la respuesta es positiva, inicia el grooming o la seducción premeditada como un proceso metódico e intencional de manipularlas, hasta que llegue un punto en que le permitan dañarlas, abusar de ellas, utilizarlas, victimizarlas. 

Con pequeños detalles logra que las víctimas le tomen confianza y busca entonces satisfacer algunas de sus necesidades más inocentes y después llega una gran y apremiante preocupación. Así, ellas terminan sintiendo que le deben algo por el apoyo profesional, por un trabajo mejor remunerado o por un préstamo económico. Las hace sentir obligadas a la reciprocidad y con el tiempo, les reclama devolución a su intervención, lo que puede comenzar con un inocente beso, seguir por acompañarlo a una fiesta, hasta llegar a un intercambio sexual. 

Y el secreto de todo, es el secreto. La relación debe mantenerse en oculta; las interacciones en privado pueden hacer al principio que las víctimas se sientan halagadas y especiales. Sentimiento que después, logra transformar en manipulación y agresión: el secreto no es por mí, es para protegerte, para que no te juzguen, que no te dañen por envidias y celos, para que no te digan puta, para que tus papás/amigos no se entrometan en tus sueños, que no te estorben, que no te detengan, porque si te alejan de mi, no podré ayudarte, no seguirás creciendo, yo no puedo estarte esperando y sin mi manto protector, es probable que te lo pierdas todo… 

El perpetrador aísla a las víctimas de sus redes de apoyo y luego, comienza a controlarlas, a ejercer violencia sexual, verbal, física. Es infiel, es dominante, es agresivo. A veces, las graba teniendo sexo, o confesando secretos o delitos, o las intimida amenazando con hacerles daño con su gran poder o sus conocidos. Convierte pues, sus vidas en un infierno. Las domina, las insulta, las injuria, las ultraja hasta que normalizan el abuso y creen que todo se lo merecen, que así es la vida y que es mejor tolerar lo intolerable porque, además, tienen terror de que las dañe o mate. Y es que el perpetrador lo sabe: todo en esta vida tiene que ver con el sexo, excepto el sexo mismo, que tiene que ver el poder. Y él puede porque se lo hemos permitido. 

J.S. Zolliker

Twitter: @zolliker

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