viernes, 19 de febrero de 2021

Lo que los médicos no te dicen

En esta sociedad sospechosista en la que vivimos hoy, nos encanta alimentarnos de conspiraciones, de verdades escondidas, sean verdad o no; lo importante es tener un punto de vista distinto al status quo.


Hay una verdad que los médicos no están diciendo en voz alta desde la llegada de la pandemia, pero que es necesario que todos lo sepan, de lo contrario, no será hasta que todos reciban una inyección de la tan deseada vacuna, que las cosas realmente van a cambiar.


Tal vez se habrían evitado muchas muertes, tal vez se hubieran abierto muchas mentes que aún no han podido dimensionar el momento por el que estamos pasando como humanidad, tal vez habrían menos contagios, seguramente si hubiéramos considerado lo siguiente, el desastre no habría sido tan grande.


Y aunque ellos y ellas, los héroes de esta película, eran los más relacionados con esta verdad, o mejor dicho verdades, no les correspondía a ellos decirlo, por más absurdo que parezca.


Ellos también están cansados

No existe un gremio más injustamente ignorado que el de los médicos. Primero objeto de absurdas agresiones en nuestro país, y durante la travesía del COVID por nuestras vidas, estos adalides con bata no han tenido un día de descanso, y estoicamente han atendido cuantas almas les ha sido posible. No escapa al conocimiento popular que por mucho tiempo, han tenido que costearse los insumos de seguridad con sus propios recursos, en un país donde parece que un gran número de quienes pueden resguardarse en casa prefieren no hacerlo, mientras quienes no pueden, nuestros guardianes de la salud, preferirían tener ese privilegio. 


Ellos también extrañan a su familia

Vivimos uno de los peores episodios en el manejo de la pandemia gracias a las reuniones familiares de fin de año. Muchas de ellas organizadas con la ligereza de una brisa primaveral, pero que nadie podrá negar que fueron las razones por las cuales escaseó el oxígeno, que se creó un mercado negro de tanques, concentradores de oxígeno y todo tipo de auxiliares para el tratamiento de una enfermedad que se puede prevenir con un poco de mesura, y de dejar las reuniones para un momento que acelera cada vez más su llegada. La paradoja es pensar que nuestros médicos y personal de salud en ocasiones no pueden ver a sus familias, gracias a que nosotros no pudimos dejar de ver a las nuestras... pasar esa reunión para otro día, para otra temporada.


Ellos viven otro tipo de encierro

Se cuentan por millares aquellos médicos que pasan mucho más tiempo en el hospital, atendiendo pacientes que el tiempo que pasan en casa, muchas veces en una habitación aislada, por el cuidado y la mesura que requiere el alejarte de los seres queridos cuando eres un posible portador, involuntario y responsable, pero también respondiente al llamado de la vocación, que es su más grande amor y por el que millones, sí, millones de mexicanos se cuentan hoy entre los recuperados de este virus, no gracias a una estrategia que venga "desde arriba", sino a la voluntad de un grupo de personas a las que me resisto dejar de llamar héroes. Todo lo que podamos argumentar como sufrimiento por encierro -quienes lo han practicado- palidece junto a la lucha que para ellos representa el claustro no sólo dentro de un hospital, sino de largas jornadas encarcelados en un traje que a veces no les permite siquiera conseguir algo tan elemental como poder ir al baño.


Como sociedad hemos fracasado a un llamado que está delante de nosotros desde hace más de un año, pero que colectivamente hemos puesto muy abajo en la escala de prioridades.


Podemos llamarnos malagradecidos, podemos llamarnos ingratos, podemos llamarnos irresponsables.


Y eso es precisamente, lo que los médicos no te dicen...

Orson Ge

Twitter: @orsonjpg

Publicar un comentario

Whatsapp Button works on Mobile Device only

Start typing and press Enter to search