viernes, 5 de marzo de 2021

El monopolio de la honestidad

Existe en nuestro país un falso dilema que urge a la opinión pública desechar, no porque se trate de una persona, de una postura, de una convicción, pero sí por el encono la división y el tremendo daño que está causando a una sociedad que ha sabido demostrar -cuando quiere- de lo que es capaz cuando se une con un mismo fin:


El monopolio de la honestidad.




El discurso constante, la repetición matutina, ha logrado transmitir día con día que quienes ponen en evidencia los retrocesos, los errores y la falta de pericia de muchos cauces desafortunados en la presente administración se hacen con una motivación perversa o que son inspirados por el rencor de quien perdió un privilegio.


Algo por demás alejado de la realidad.


Las voces críticas han existido siempre, es el rol de la prensa. Sin embargo, el presidente ha declarado en más de una ocasión que los medios que le cuestionan son "faltos de ética", y que las críticas provienen de intereses creados.


Ayer le tocó el turno al Wall Street Journal, al New York Times y a El País de España, a quienes el presidente calificó como "faltos de autocrítica" en su labor periodística.


No es un secreto que el presidente vive desconectado del plano internacional, y que lo concibe desde la tónica nacionalista con la que siempre se ha conducido, un retrato que León Krauze tuvo muy a bien mostrar en su artículo "El mesías tropical" 


Como si esto no fuera grave, porque gobernar con una óptica insular y fuera de tiempo, es riesgoso de por sí, encima ha logrado contagiar a otros colaboradores y simpatizantes, de entre los cuales todavía se cuentan millones que conciben la crítica como "ataque", y otros más se extienden hasta calificar como "mentira", sin el menor análisis de la realidad a la denuncia de lo que se puede percibir a simple vista: el país no va bien, lo que es peor, va bastante mal.


Pero casi nada, o nada puede pasar por el rasero presidencial si no conviene a la narrativa transformadora

Ni las causas feministas

Ni los enfermos de cáncer o sus familias

Ni los campesinos que necesitan agua

Ni los inversionistas que no ven viabilidad en México para arriesgar su dinero

Bueno, ni la ecología.


Con la reciente reforma a la Ley Eléctrica que se aprobó con una velocidad fuera de serie, México camina en franco retroceso a la sustentabilidad, pero sobre todo a la política que se está asumiendo en todo el mundo acerca de las energías renovables, situación que le puede costar quedar fuera de tratados internacionales, incluso algunos de ellos firmados durante el presente sexenio.


Y una vez más, los cuestionamientos se interpretan como: ataques, calumnias y mentiras creadas por otros perversos intereses de quienes quieren "seguir saqueando al país".


En este espacio no vamos a negar la corrupción del pasado, por el contrario, la hemos señalado siempre, pero tampoco vamos a otorgar el monopolio de la honestidad a una sola persona, especialmente si se trata de un presidente que no ha podido sacar ni un pie de la estructura partidista que lo llevó al poder.


En la política, como en los negocios, o en cualquier otro terreno, hay personas honestas y corruptas en todos lados, y no depende de la causa, el color o el nombre que abanderen, sino de su trayectoria, y de un concepto que es tan fuerte como ineludible: los hechos.


No podemos asumir verdades sin evidencias, es muy sencillo, los dichos se corroboran con los hechos.


Y a este sexenio le sobran dichos de verdades, pero le faltan muchas evidencias...


Orson Ge

Twitter: @orsonjpg

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