viernes, 30 de abril de 2021

El atentado a la democracia

 La candidatura de Félix Salgado Macedonio nació marcada.




No fueron pocos los obstáculos que tuvo que librar el guerrerense para terminar la carrera a unos pasos de la meta, y aunque sea indirectamente y por motivos estrictamente financieros: un presunto violador no será gobernador.


Sin embargo, el caso presenta en sí mismo la legitimación de un argumento en el que han venido insistiendo el presidente López Obrador, el dirigente de su partido, Mario Delgado, y que ha logrado hacer eco en un sector de la sociedad, quienes a la par del presidente, alzan la voz sosteniendo que el hecho de "retirarle su derecho de ser votado" a Salgado representa un "atentado a la democracia".


Más allá de la pregunta de qué hubiera pasado si Salgado Macedonio hubiera presentado en tiempo y forma sus gastos de precampaña, lo cual habría supuesto que esta conversación ni siquiera hubiera sucedido, con este texto pretendo lanzar otra pregunta: ¿Cómo podemos calificar entonces los embates a la autoridad electoral?


Un día sí, y otro también, desde el púlpito de la mañanera se lanzan descalificaciones al INE y a quienes ahí laboran. Constantemente el presidente López Obrador señala que no confía en el órgano electoral. Como tampoco confía ni da crédito a cualquier opinión o posición que contraviene a sus intenciones: en términos simples y llanos, el presidente piensa que pensar diferente a él es sinónimo de perversidad y corrupción.


Encerrar la adversidad, la diversidad y el diferendo en la caja de la corrupción le ha resultado muy efectivo entre su propia base. Los convencidos del obradorismo repiten rebasados de convencimiento las premisas acusadoras de su líder, quien ha lanzado gran cantidad de recriminaciones, reproches y querellas, pero hasta ahora, sin ninguna prueba.


No existe hoy una evidencia clara, contundente y más allá de la especulación para dudar de una institución que no sólo fue creada para beneficio de la democracia, sino que le dio paso a la alternancia, esa misma que permitió que un líder como López Obrador accediera al poder hace apenas poco más de dos años.


El presidente propone que sea el Poder Judicial quien absorba al INE, que el organismo quede supeditado a una instancia superior y que pierda su carácter de organismo público descentralizado. Mario Delgado critica férreamente a funcionarios del organismo, en una argumentación unilateral que sostiene que el Instituto debe desaparecer. Salgado Macedonio fue más allá, y amenazó públicamente a su titular Lorenzo Córdova, deseándole suerte, porque sería "la última elección que van a organizar".


Las medidas adoptadas por el INE podrán haber sido rigoristas, pero no desapegadas del marco normativo. Si Salgado, Morón y todos quienes perdieron sus candidaturas hubieran cumplido con sus requisitos en tiempo y forma, estarían haciendo campaña a sus anchas, sin embargo, no son pocas las voces que señalan a Mario Delgado como el principal responsable de la caída de estas candidaturas, ya que en su dirigencia reside la obligación de presentar estos requerimientos.


Así entonces, vale la pena hacerse el planteamiento: ¿Quién atenta contra la democracia, quien hace valer y cumplir la ley o quienes desacreditan, vociferan y amenazan?

Orson Ge

Twitter: @orsonjpg 



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