lunes, 26 de abril de 2021

La impunidad cansa

Colonia Providencia, en Guadalajara. Caminando con mis perros, me topo con un vehículo estacionado sobre la banqueta de un conocido restaurante en el cruce de José María Vigil y avenida Terranova. Me topo de frente con un empleado del valet parking y con un tono de voz condescendiente: “Buenas tardes, oye, un favor, nos puedes ayudar a mover el carro porque está bloqueando la banqueta y me tengo que bajar a la calle, y ya ves que con estos dos perros está medio difícil”.




“Sí, ahorita lo muevo”, responde con un tono entre enfado y siguiéndome la corriente, y tirando a ignorarme completamente. Sigo por mi ruta, y ya de regreso veo a lo lejos, después de 20 minutos, que el vehículo sigue ahí, bloqueando la banqueta.


El 10 de abril de este año, la misma situación, personal del valet parking del mismo restaurante lavando un vehículo, estacionado sobre la banqueta. Reporté la situación a la cuenta de Twitter de la dirección de Movilidad del H. Ayuntamiento de Guadalajara. Amablemente su directora, Libertad Zavala, respondió que el personal iba en camino. Una hora después respondieron el tweet, con fotografías, que no había ninguna anomalía.


Y no es la única situación con ese restaurante. Su personal de valet parking conduce los vehículos de los clientes, a exceso de velocidad, y en ocasiones en sentido contrario, sobre la calle Pompeya. El problema se reportó a la Policía Vial del estado, a través de Twitter, desde diciembre de 2020.


20 de diciembre: no hubo respuesta.


23 de diciembre: hubo respuesta, que se canalizaba el reporte a las unidades. La situación siguió, y un vecino, y su servidor, optamos por ir a hablar directamente con el gerente del restaurante. Amablemente nos escuchó, y dijo que él se encargaría de que no volviera a suceder. Increíblemente, dejaron de conducir a exceso de velocidad... por un tiempo.


22 de enero: el problema volvió. Los empleados del valet parking otra vez conducen a exceso de velocidad sobre la calle Pompeya. Se reporta la situación a Policía Vial, y con copia a la asociación de colonos. Ambos responden. Ojo, la asociación de vecinos NO es autoridad. Ellos apoyan.


Al día 25 de abril de 2021, el problema sigue, y seguirá, hasta que alguna autoridad los sancione de acuerdo a la ley, o haya algún accidente fatal, lo primero que suceda.


¿Por qué tenemos que llegar a los extremos para que clara violación a la ley sea sancionada? ¿Por qué tendríamos que esperar un accidente fatal para que las autoridades actúen?


Situaciones como esas, son el pan de cada día en esta ciudad. Eventos cotidianos en los cuales los ciudadanos nos topamos con personas que no respetan ni las leyes, ni los reglamentos, ni los protocolos de convivencia social. Y los ciudadanos que, incansablemente en el día a día, respetamos las leyes y los reglamentos que nos rigen en esta ciudad, estamos en un estado de indefensión ante los actos de impunidad de otros ciudadanos, o de los mismos servidores públicos.


Sí, me jacto de ser (y no debería ser un hecho sobresaliente) un ciudadano que respeta las leyes, y sus reglamentos. Actúo con consideración hacia los demás, esforzándome al máximo para que mis acciones no afecten a otros. Nuestras acciones tienen un impacto, positivo o negativo, en nuestro entorno.


Es imposible que haya un policía, un inspector del ayuntamiento, o algún otro empleado gubernamental, en cada esquina, velando porque se cumplan las leyes y reglamentos, y aplicando las sanciones y multas que correspondan a las violaciones de esas leyes y reglamentos. Aquí estamos hablando de educación cívica. De lo más elemental que se necesita para poder convivir como sociedad. Pero también tenemos que hablar de la inacción y permisividad de las autoridades y servidores públicos para aplicar las leyes y sus reglamentos. Estamos en un estado de indefensión ante claras violaciones de las mismas.


Tomar justicia por propia mano, NO es opción. Por dar un ejemplo, en una caminata con mis perros, cruzamos avenida Terranova, cuando el semáforo estaba en alto para los automóviles que circulan sobre esa  avenida. Al cruzar, observo que un taxi no se está frenando antes de llegar al cruce. Acto seguido, Rocko, mi fiel amigo, se detiene y le ladra. El taxi frena de golpe y rechina las llantas. Volteo a ver al conductor, y le reclamo con tono asustado: “¿Qué acaso no ves que está en rojo?”.


El taxista me responde: “Voy buscando una calle, por eso no vi el semáforo”


“Pues deberías ir viendo hacia el frente porque si atropellas a alguien, seguro vas a terminar en la cárcel”, le dije yo.


“Bueno, pues ¿cuál es tu pi... problema?”, me dijo, ya en un tono bastante molesto y alzando la voz.


Opté por retirarme, no estaba dispuesto a tener una confrontación física, y menos con alguien que no sé si tiene una arma.


Repito, no podemos tener un agente, servidor público, inspector municipal, o como quieran llamarse, en cada esquina. Simplemente es imposible, y las sociedades desarrolladas no funcionan así.


Vivimos en un país en donde actuar respetando las leyes y reglamentos, y las reglas no escritas de la sociedad, es visto como una tontería. El que respeta la ley, y cumple con todas sus obligaciones, es catalogado como un “tonto”.


¿Por qué debemos ignorar las leyes, y actuar como cada uno quiera, para no ser vistos como unos “tontos”? ¿Por qué debemos hacer las cosas a nuestro antojo?


¿Por qué cada día, la impunidad aumenta, en casos de asesinatos, secuestros, robos a mano armada, golpizas?


Creo que hay dos razones muy evidentes: autoridades totalmente incompetentes y rebasadas, que ante el aumento de casos de transgresión y violación a las leyes, han doblado las manos, y consideran que es imposible llevar ante la justicia a los señalados. Y, ante esa misma autoridad permisiva, incompetente, y rebasada, los ciudadanos obvian que transgredir las leyes no tiene consecuencias, por lo tanto, ellos no se quieren quedar fuera de ese exclusivo club de los delincuentes y corruptos, que consiguen lo que quieren, y sin consecuencias.


Es un círculo vicioso el que vivimos en este país.


Y los mensajes importan, y mucho. Vivimos en un país, en donde la máxima autoridad, el Presidente de la República, el que debería dar el ejemplo de respeto a las leyes, es el primero que las transgrede. El señor López Obrador piensa que él está por encima de la Carta Magna, de nuestra Constitución. Que su figura y su nombre son más importantes que las instituciones. Ese mensaje, es claro, la sociedad lo recibe como un cheque en blanco para pisotear las leyes y reglamentos, incluso si eso implique pisotear los derechos de los demás.


El que escribe, su servidor, lucha todos los días porque vivamos en una sociedad más justa, una sociedad en donde se respeten las leyes, porque esas leyes fueron creadas para convivir en sociedad. Tenemos un país con muchísimas, incluso demasiadas, leyes. Hay leyes para todo. El pequeño (gran) detalle, es que faltan autoridades eficientes y competentes para aplicarlas, y sobran ciudadanos que simplemente deciden hacer su propia ley, y se multiplican todos los días.


En estos últimos días, ante claras violaciones a la ley, de parte de algunos ciudadanos, he optado por ignorar el hecho. Primeramente, para evitar una confrontación física o verbal, y segundo, y más importante, porque pienso que eso causa un desgaste emocional, que ya no estoy dispuesto a sufrir.


La impunidad cansa, y cansa mucho, al grado de llevarnos a la apatía.


Citando a Jean-Paul Sartre “Mi libertad se termina donde empieza la de los demás”


Del mismo modo, los derechos de una persona terminan donde empiezan los de otra persona.

Juan Pablo Macías Salazar

Twitter: @jpmaciassalazar

Publicar un comentario

Whatsapp Button works on Mobile Device only

Start typing and press Enter to search