domingo, 30 de mayo de 2021

El enojo y la furia

 

Cuatro rostros con distintas representaciones del enojo, el fastidio y la irritación hacia las autoridades de un estado y de un país entero





El fin de semana pasado más de 100 estudiantes normalistas de la Escuela Normal Rural Mactumactzá en Chiapas salieron a las calles a manifestarse contra el gobierno local por su rechazo a ampliar la matrícula de la institución y a mejorar las condiciones de enseñanza.

Salieron armados con pintura negra y roja, palos, piedras, cohetones, bombas molotov y quién sabe qué más.

Sus intenciones eran de menos a más y de más a causar lo que tuvieran que causar. La respuesta obligada de las autoridades vino con la contestación de quienes reciben la orden de detener la euforia de un centenar de jóvenes en las inmediaciones del Palacio de Gobierno de Tuxtla Gutiérrez.

En estos tiempos siempre hay una imagen, buena o mala alguien tiene el rastro de lo que pasó y para la mala suerte de algunos y la buena de otros, el abuso de poder fue captado y publicado.

Se detuvieron a más de 93 estudiantes, divididos entre 74 mujeres y 19 hombres; las primeras ya fueron liberadas y los segundos aún se encuentran detenidos bajo el presunto atropello a sus derechos humanos.

Los disturbios en el Palacio de Gobierno del estado, el destrozo del mobiliario, ventanas rotas, pintas, incendios y el saldo de dos policías heridos, también es información que está incluida en el informe de la manifestación por parte del contingente estudiantil.

Carpetas de investigación en donde abunda la presunción de todo lo que sucedió y de quienes participaron. Imágenes que circulan en redes sociales y en agencias de información internacionales nos dan una guía del presunto inicio y su propio fin.

La foto de hoy que se publica y analiza en este espacio, vuelve a ser tomada por la fotoperiodista y amiga Sashenka Gutiérrez, quien presenció la protesta del día de ayer por parte de los estudiantes de Ayotzinapa quienes salieron a las calles de la Ciudad de México en apoyo a los normalistas de la escuela rural de Mactumactzá de Chiapas que aún siguen detenidos.

Esos 19 jóvenes que se encuentran detenidos en el penal El Amate desde el 18 de mayo por los bloqueos y vandalismo, ya tienen más voces que por fuera les gritan y les exigen justicia.

Una imagen que se compagina con el estado de ánimo de todos los mexicanos, desde los más jóvenes hasta los adultos de mayor edad que desde sus casas y sus realidades están enfurecidos e indignados con las acciones de los gobiernos pasados y del actual.

Sin llevar el tema en buscar culpables en el enfrentamiento entre los estudiantes y las autoridades en Tuxtla, quisiera centrarme en los cuatro rostros que aparecen claramente en la imagen de Sashe.

Tenemos el joven de playera blanca con el cubre bocas hacia abajo, con su mano sosteniendo con firmeza y determinación del rostro de uno de los estudiantes detenidos, como si entre los dos se sostuvieran el uno del otro.

El que está detenido encuentra un eco en la fuerza del que está en la calle y puede exigir su libertad y su desesperación. Su rostro en completo enojo, lleno de furia, coraje y arrojo. El ceño fruncido, las cejas inclinadas, sus ojos disminuidos como una especie de sostén al grito de ¡Basta!.

El joven de chamarra roja, quien más controlado y un poco tímido, no deja de mostrar enojo y precaución al no quitarse el cubre bocas, sabiendo que ante semejante cantidad de jóvenes pudiera contagiarse. Su ceño fruncido y sus cejas delatan su tibio grito, pero no su malestar y exaltación.

El joven de azul, con cube bocas de color negro al fondo, camina con su vista dirigida al frente, también sosteniendo el rostro de otro de los 19 estudiantes, su cuello y una vena saltada lo integra al grupo de quienes con ímpetu y valentía salen a las calles a seguir exigiendo con un mínimo de esperanza de que alguien más los vea y se sepa lo que sucedió en aquél estado tan olvidado por el país entero.

Mientras que el último joven vestido de negro, de lado derecho y justo en el filo del encuadre de la lente de Sashenka termina por otro rostro exaltado, y quebrantado por la impotencia de solo poder estar en las calles y gritar entre la multitud.

Cuatro rostros con distintas representaciones del enojo, el fastidio y la irritación hacia las autoridades de un estado y de un país entero.

Un retrato de lo que pasa con la gente allá afuera, con todos los ciudadanos que nos enfrentamos a contra reloj ante unas elecciones que parecen no ser entendidas en su totalidad, es decir, pocos allá afuera saben que su voto podría sumar o no a la Cámara y por ende al poder que tendría el actual gobierno federal.

No lo saben, no les interesa, no quieren saber nada “de los mismos”, porque “todos roban”, porque “todos mienten” y porque bien lo dicen “primero nos prometen y luego nos la meten”.

Estos jóvenes salen a dar voz por estudiantes como ellos, pero en realidad representan el estado anímico de los mexicanos. Ellos salen con una especie de antorchas caseras en la noche de la capital, como una especie de un grito desesperado por encontrar el camino correcto y las autoridades correctas que se sienten a escucharlos.

México está ardiendo, de menos a más y de más a mucho más. La inseguridad, la inestabilidad económica, social y de salud nos está llevando a no creer en nada ni en nadie, y eso nos colocará en un escenario sumamente peligroso que insisto, no se acaba de entender.

Los mexicanos somos el chico de playera blanca, estamos gritando enojados, molestos, decepcionados y con un sentimiento de traición que nos hacen exigir en las calles y en cualquier lugar el cúmulo de abusos, pero, sin entender del todo que si no salimos a votar el próximo 6 de junio, no veremos el fuego controlado en antorchas sino uno desbocado en las calles y eso, no lo queremos ver.



Laura Garza

Twitter: @LauraGarza

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