viernes, 28 de mayo de 2021

El falso mesías

 Algo no cayó muy bien por los pasillos de Palacio Nacional el pasado jueves. 




Evidentemente hablamos de la publicación The false Messiah, un artículo publicado por el Financial Times británico, un artículo que giró por todo el mundo y que especialmente circuló por nuestro país, como un ladrillo más en la pared simbólica que los críticos del régimen de López Obrador han utilizado como piedra de toque para refrendar que no están solos, que su apreciación de la gestión actual no es un supuesto unilateral, y sobre todo que las desacreditaciones que vienen a diario desde el púlpito mañanero van quedándose poco a poco con menos sustento en el que sembrarse o afirmarse.


Lo verdaderamente lamentable es que aunque el artículo no dice nada nuevo, un gran número de mexicanos aún no parecen acusar recibo de lo que ahí se dice. La aprobación de la gestión del presidente no es sino un reflejo del desapego y poco interés que el mexicano en promedio tiene por la política, por la evaluación profunda de sus gobernantes y el efecto de la propaganda oficial en el colectivo más amplio.


Decimos lo anterior porque no es nuevo que la visión lopezobradorista de la democracia es sesgada, y que sólo le parece cuando el resultado le es favorecedor. Los constantes ataques al INE, organismo que reconoció su victoria y por el que no sólo su gobierno llegó al poder, sino también el PAN y el PRI alternaron períodos viniendo desde la oposición, era algo inimaginable todavía hace poco más de 30 años.


Los constantes ataques al Instituto y sus dirigentes mandan avisos de un Ejecutivo que busca tener un control más amplio sobre los comicios, situación que en sí misma es peligrosa, pero que además se agrava cuando los hallazgos del periodismo de fondo encuentran que los subejercicios en áreas de infraestructura, servicios médicos, y otras áreas fundamentales para el desarrollo del país no van en línea con los programas sociales, que incluso han sido "oportunamente" adelantados al pueblo, que en ocasiones podría interpretar el recurso como un programa de lealtad, mediante el cual se refuerce la imagen de un partido de manera discreta o en ocasiones con evidencia de sobra.


Tampoco es nuevo que la política de "abrazos, no balazos", ha traído peores resultados que lo que los simplistas llaman Guerra de Calderón. El presente sexenio es el más violento de la historia moderna, alcanzando escandalosas cifras por las que tal vez otros gobernantes serían brutalmente reprochados. 


Esta violencia incluso ha alcanzado candidatos del presente proceso electoral, llegando a un número superior a los 88 asesinatos y un número mayor de agresiones, y parece que sólo a unos cuantos les parece grave, de los cuales el presidente no se cuenta en ese número, incluso llamando "amarillistas" a los medios que lo reportan.


Mucho menos fue sorprendente que López Obrador se encuentra instalado en lo que el artículo llama ideología necrofílica, término acuñado por Moisés Naim. La reciente compra de una refinería cuya deuda asciende a casi un doble del precio de su compra y a la cual la regulación de los Estados Unidos le cambió las condiciones de operación a unas horas de su adquisición marcan la nota del contrasentido en el que el liderazgo de nuestro país encamina los destinos financieros y de infraestructura del país.


López Obrador, en contrasentido al resto de las economías avanzadas, que se mueven con celeridad a las energías sustentables y renovables, llamó hace unos días al petróleo "el mejor negocio del mundo", realidad que pudo haber sido hace unos años, pero que en plena era tecnológica pierde relevancia, a pesar del tamaño que conserva la industria y la decreciente dependencia que presentan los sistemas mundiales con respecto a los energéticos basados en hidrocarburos, eje central del proyecto del macuspano a todas luces.


Se avecina la segunda parte del sexenio de quien dijo ser "la esperanza de México" pero que no ha podido cambiar ni sustancial ni superficialmente la realidad de un país que ciertamente tenía áreas de oportunidad y que también cargaba arraigados tumores de un pasado en el que se desaprovecharon oportunidades, se permitieron atrocidades, pero que también transitó a una modernidad en la que el país no se había insertado ni en las épocas de mayor esplendor.


Más allá de los pretextos, Morena junto con el presidente, dilapidó su capital político buscando afirmar sus propias convicciones, mostrando un enfermizo servilismo a un presidente de visión anacrónica y anquilosada que prefirió gobernar con ideología que en función de la necesidad del pueblo, ignorando la inercia y poniendo un freno destructor a los avances que se lograron a través de la alternancia, que no fueron pocos y de los que habló detalladamente Federico Reyes Heroles en su columna de esta semana.


México tiene una cita consigo mismo de aquí al 6 de junio, día en que puede enviar un mensaje claro al "falso mesías", aunque a la luz de la evidencia, se ve difícil que se acuse de recibo.

Orson Ge

Twitter: @orsonjpg


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