martes, 25 de mayo de 2021

Participación ciudadana... cuando conviene (parte 1)

 Le tengo mucha desconfianza a todo lo que llaman sociedad civil o iniciativas independientes”.

- Marzo 2018


"Antes era pueblo, nada más que ya se apropiaron de la sociedad civil. Yo no conozco gente de la sociedad civil, de veras, muy pocos, de izquierda".


"Todo lo que es sociedad civil tiene que ver con el conservadurismo, hasta los grandes consorcios promueven a la sociedad civil, es una bandera la sociedad civil".


- 19 de febrero 2018





Las anteriores declaraciones no serían escandalosas ni peligrosas si las hiciera un ciudadano común y corriente. Serían, incluso aceptadas. Pero las realizó el C. Andrés Manuel López Obrador; la primera en calidad de candidato a la presidencia de la República, durante su participación en un debate con comunicadores, organizado por Milenio TV. Y la segunda, ya como presidente investido, durante su conferencia matutina, conocida como La Mañanera, en febrero de 2019.




La mayoría de los políticos en México durante el periodo de las campañas electorales buscan desesperadamente el voto. Buscan, con ahínco, el contacto con la población, con los ciudadanos. Ya sea para tomarse la foto dándose la mano, platicando, o bien para que otros ciudadanos vean que hay cercanía con la gente, o para que haya un puente de comunicación, que se vea que escuchan a la gente.


Pero esto cambia cuando llegan a los puestos públicos para los que compitieron, y ganaron. Ya instalados en sus oficinas gubernamentales, los ahora servidores públicos, a veces electos con el voto directo de la población, y en otras de manera indirecta (representación proporcional), evitan a toda costa el contacto con la gente. No desean que se les cuestione, y se les demanden resultados. Y no, no son todos, pero sí una mayoría abrumadora.


Con todo esto, mi mensaje es: el político en México, mayoritariamente, es convenenciero. 

En campaña buscan la participación ciudadana. Incluso les prometen que constantemente serán escuchados, que sus sugerencias o propuestas, serán incorporadas, primero a su plan de promesas de campaña, y si son elegidos para el puesto que compiten, para su plan de gobierno, o sus propuestas legislativas. Pero llegando a los puestos, se olvidan de los habitantes de esa colonia popular a la que fueron, una, dos o hasta tres veces durante su campaña electoral.


Si el ciudadano que cobra como presidente (yo así lo llamo, y lo siento por aquellos que lo defienden a ultranza), desdeña, e incluso parece huirle a todo lo que huele a sociedad civil organizada, todo pinta mal. Él repite que el pueblo lo apoya. Pero que no se organicen, porque ahí la cosa cambia radicalmente. No, eso ya es complot contra él, y contra la “transformación” (trastornación, le llamo yo). Porque la sociedad organizada, constantemente lo ha cuestionado, y ha cuestionado sus políticas públicas (¿existen?).


En el ámbito local, los políticos, sean del partido que sean, le huyen igualmente, en su mayoría, a la sociedad civil organizada. Incluso a los ciudadanos que no pertenecemos a organizaciones de la sociedad civil. Vamos, a ‘los de a pie’. Huyen de los que constantemente buscamos cómo mejorar nuestro entorno, de los que queremos que haya un respeto no negociable, sin distinción, a las leyes y los reglamentos, para que tengamos una sana convivencia y una mejor sociedad.


Les platico un caso que me sucedió el año pasado. La última ocasión (ya fueron cuatro) en la que mi fiel amigo (perro), Rocko, fue atacado por otro perro, al que su dueño paseaba sin correa, y del que yo fui víctima colateral al separarlos, provocó mi hartazgo sobre ese tipo de situaciones y me empujó a buscar apoyo en la Unidad de Protección Animal del H. Ayuntamiento de Guadalajara. Redacté una serie de tuits, dirigidos como dardos envenados, al Presidente Municipal (ahora con licencia), Ismael del Toro. Los tuits se replicaron, y se hizo eco de la situación en Twitter.

El señor del Toro me pidió mi número de celular, y me respondió que su personal de la mencionada dependencia me buscaría para atender ese problema. Lo hicieron, lo reconozco, y lo celebré. La persona encargada del área de comunicación de la unidad me buscó por teléfono. Me pidió detalles de la agresión, mayores datos del agresor (los cuales ignoraba, honestamente). Incluso mencionó que el director de la Unidad de Protección Animal me buscaría también por teléfono para revisar la estrategia para que se cumpla el Reglamento de Protección Animal del municipio de Guadalajara.


Lo hizo. El MVZ Juan Antonio Barragán me llamó por teléfono. Platicamos sobre el incidente. Y le pedí detalles de lo que ellos hacen para reforzar el uso de correas con los perros y del cumplimiento del reglamento. Le ofrecí mi ayuda, desinteresadamente: “Cuando vengan a la colonia, yo los puedo acompañar con mis perros a platicar con la gente, a hacer énfasis de la importancia del uso de la correa, para evitar un accidente, incluso con desenlaces fatales”. La aceptó. Me dijo que la semana entrante vendría a la colonia, y que podíamos ir a discutir el tema con su personal, que también serviría para conocer a mis perros. Y ahí quedó. Solamente en una promesa. Jamás hubo seguimiento de su parte. Y me sentí defraudado. Opté por no buscarlos, porque llegamos al hartazgo de buscar participar, y que nos cierren las puertas.

(Fin de la parte 1)

Juan Pablo Macías Salazar
Twitter: @JPMaciasSalazar

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