viernes, 21 de mayo de 2021

Tensión electoral

 ¡Qué época nos tocó vivir!


Se aproxima el proceso electoral más grande de la historia, tal vez el más trascendental, y también el más desaseado desde la llegada de la alternancia a nuestra joven y muy adolescente democracia. 




Nunca antes se había visto a algún presidente descalificar con tanta energía e insistencia a la autoridad electoral, especialmente tras el malgasto del capital político con el que gozaba el partido de gobierno previo al inicio de las campañas. Sin embargo el fin de estas descalificaciones parece alejarse de un sentido democrático, mientras los intereses electoreros y la adicción al poder figuran como sus principales motivadores.


Hoy nos toca ser testigos también de un implacable embate a un gobernador que es perseguido por delitos probables, pero que no fue sino hasta la temporada electoral que pareció que la Fiscalía General de la República pareció cobrar un sentido de urgencia con el caso, en una aparente judicialización de la política, o politización de la justicia. 


El uso de la función pública con fin electoral no es nueva en México, apenas en la elección pasada, el entonces candidato Ricardo Anaya sufrió un fuerte golpe a través de una denuncia que se dio como cierta ante la opinión pública, pero que al descargarse las pruebas, por supuesto, después de la elección, y también después del daño en las urnas, concluyó con un clásico de la justicia de nuestro país, el histórico "usted disculpe".


Y así, en las épocas del más rancio priísmo que apresó al país en una retórica capturista, las instituciones judiciales formaron parte de un entramado particular y entre particulares, del que se beneficiaron unos cuantos, y también otros cuantos salieron afectados, evocando otro clásico: "a los amigos, gracia; y a los adversarios, la ley a secas".


El caso del gobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca rebasa por mucho lo vivido en otras épocas y lo recordado por quienes las vivimos, especialmente por la magnitud a la que se pretende llevar el caso, buscando una inusitada y pobremente fundada desaparición de poderes a fin de lograr su cometido. 


Finalmente, la del 2021 será una elección mancillada por la institución presidencial que incluso sacó de sus casillas al propio director del INE, que públicamente ha llegado a considerar la anulación de la elección, porque simplemente el presidente no se ha cansado de incidir en la elección para favorecer a su partido de gobierno, de descalificar un día sí y otro también a la autoridad y de causar un encono revanchista incluso previo a la elección, como si ya conocieran que el resultado no les favorecerá.


López Obrador ya no es el mismo que cuando era candidato; la sonrisa espontánea y a veces cínica ha desaparecido y ahora luce ofuscado y un tanto desencajado en ocasiones. Finalmente, no es fácil aparecer a diario frente a todos y no sufrir todo tipo de desgaste. Esto, aunado a los malos resultados de la administración, ponen la mesa para una contienda mucho más cerrada de lo que pensábamos apenas unos meses atrás; un escenario que no le gusta al presidente, que le resulta incómodo y del cual parece estarse "curando en salud". 


Vaya agitación la que se vive hoy, demasiado para unas elecciones intermedias que de antemano sabemos serán distintas a todas las demás, sin embargo, marcadas por una incertidumbre única y un encono casi desconocido para las últimas generaciones. 


La buena noticia para el electorado tal vez es que las campañas se encuentran cerca de terminar, sin embargo, y por el otro lado, parece que la máxima tensión está apenas por llegar.


Orson Ge


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