sábado, 12 de junio de 2021

El PRI-MOR

 ¿Recuerdan cómo estaba nuestra imagen hace apenas 10 meses? No es broma, llegué a pensar que lo mejor sería que desapareciéramos del todo, desintegrarnos, auto prescribirnos de la arena pública, escurrirnos entre el partido gobernante y la ciudadanía participativa. ¡Hasta me volví consultor!




Si ustedes recuerdan –y consideran– lo mal parados que nos dejó Peña con su exuberante frivolidad, con su farándula y filibusterismo, con su rendida y entregada cobardía, quizás habrían coincidido conmigo: estábamos por dejar de existir. No había entre los mexicanos, un odio más fuerte que el odio hacia el PRI, nuestro partido. El actual resultado electoral, es un golpazo espectacular. Una reconquista sin precedentes. Un éxito rotundo. 

Tampoco me mal interpreten. Sé que no todo se trata de una mala y corta memoria del mexicano. Sé también, cuáles viejos dinosaurios y su padrino, negociaron la entrega del poder a cambio de un pacto de impunidad. Claro que de sobra conozco los intentos para sabotearnos y evitar que hiciéramos coalición; desde la prensa subsidiada, hasta con nuestras bases e incluso presionando con persecución, porque soy hijo de… Pero con lo que no contaban, es que nos avalara un grupo de empresarios e intelectuales. Ahí estuvo el punto de inflexión. Ellos, nos arroparon y decidieron que, ante el riesgo –real y creciente– de empeorar la situación nacional, nos darían una tercera oportunidad. 

¿Generosos? Ni cercanamente. Con toda la científica y erudita habilidad que les distingue, revisaron riesgos y calcularon hasta en el detalle más nimio, lo que le sucedería al país si el PAN o el PRI o el PRD, caía en manos de estos desalmados vendepatrias del gobierno. Sopesaron cada céntimo, cada gramo y cada milímetro lo que arriesgaban y lo que nos pasaría si pudiera el grupo en el poder, perpetrarse cambiando la constitución a su gusto. Entonces, me buscaron. 

Juntos, planeamos. Pedí carta libre, pero actué con mesura, casi inadvertido y siempre sobrepuse la cordura. Entendí que los tiempos son justos y que la ciudadanía, no está en manos de los partidos, sino que los partidos, estamos en sus manos. Dependemos de ellos y a ellos nos debemos.  El resultado es claro: Morena ganó once gubernaturas, pero perdió la presunción y confianza de 30 millones de votos, la mayoría calificada en el congreso y transparentó sus reales planes.  ¿Qué nos queda? Trabajar y rendir cuentas, porque quien fructifique resultados, puede tener reales oportunidades en el 2024. 

Ya desde antes, pude oler el intento de revés; lo presentí. El presidente de inmediato querría embarrarnos con su caca, con sus deméritos. Sabe muy bien que nuestros votantes, lo están castigando a él, así que intentará por todos los medios, desacreditarnos. Dirá sin duda, que estamos negociando con él. 

Es un viejo lobo de mar, un hombre pragmático y con mucho colmillo y sensibilidad. Es un experto en las intrigas palaciegas. ¿Enlace PRI-MOR? ¡No mientras de mí dependa! ¿Lo confrontaré? Aún no es tiempo. Se le resbala todo… Mejor, pediré que se abogue por la transparencia y que se diga que tenemos una agenda de oposición que nos permite dialogar con todos. “Nunca quemes el puente por el que puedes cruzar”, decía mi padre. 

No revelaré mis cartas, pero solo les confesaré algo: si queremos sobrevivir, jamás podremos hacerlo del lado de Morena. Nunca. De mí, se acuerdan. 

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