viernes, 25 de junio de 2021

Los tres tiempos presidenciales

Al presidente López Obrador se le puede distinguir con una gran cantidad de adjetivos, entre los que le puede considerar polémico, controvertido, ideático, testarudo y a veces hasta arrebatado, pero es difícil encasillarlo en una clasificación tan unidimensional como lo es un calificativo, a este mandatario se le distingue en tiempos.




Esta semana decidió retomar el ya muy manoseado tema de la consulta a los expresidentes, sus antecesores, durante el de por sí cansado ejercicio de las conferencias de prensa diarias; una técnica que le ha resultado efectiva en el pasado: hablar del pasado para evitar ser cuestionado del presente, especialmente cuando se trata de golpear el nombre de un rival, que por cierto, queda excluido de la réplica en la arena.


Sin embargo, en esta ocasión, el presidente parece estar escupiendo hacia el cielo, pues mientras elaboraba apasionadamente los motivos por los cuáles desde su consideración se debe someter a juicio a quienes desempeñaron el cargo más importante de la escala política nacional, quizá olvidó que apuntando con el dedo, existían por lo menos tres que señalaban de regreso.


Y es que, mientras está a punto de llegar a la mitad de su sexenio, López Obrador debería comprender ahora que un mandatario de alta gama tiene que tomar decisiones orillado por circunstancias que escapan a la opinión pública y al escrutinio de los opositores, sin embargo, en un episodio más de la ceguera de taller que parece haber hecho presa del tabasqueño desde que asumió el poder, sigue sin superar los complejos del eterno candidato.


Pero el presente del presidente puede analizarse también mediante rivales en turno, y a la narrativa obradorista le urge un saco de boxeo en cada mañanera, y parece que el reciente episodio con la clase media alternará carteleras con el duelo estelar contra los medios de comunicación y el recientemente retomado duelo contra los antecesores, un episodio que le costará al país 500 millones de pesos en plena época de austeridad, en época de desabasto de insumos y tratamientos médicos, poniendo en evidencia una vez más, que a López Obrador muchas veces la agenda le ahoga el propio discurso  


Sin embargo, el tiempo preocupante es el futuro: no solo por la precaria situación económica y el evidente encono social en que dejará al país al final de su sexenio.


¿Qué tratamiento debe esperar aquel que quiere enjuiciar a quienes desempeñaron el mismo cargo y cometieron los mismos errores que él comete, voluntaria o involuntariamente hoy?


Así como acusa a Peña, su gobierno está lleno de corrupción evidente, y el reciente despliegue en contra de Irma Eréndira Sandoval obedeció más a motivos políticos que ideológicos, y eso quedó más allá de lo evidente.


Tal como acusa a Calderón de convertir al país “en un cementerio”, los muertos de AMLO triplican a los de su antecesor en sus primeros 30 meses de gobierno. Tal como acusa a Fox, aceptó públicamente “meter mano” en las elecciones... y así nos vamos.


De cara al final de su mandato, y con la carrera de la sucesión corriendo delante de sus narices, preguntamos: ¿A qué le tira cuando acusa presidente?


Orson Ge

Twitter: @Orsonjpg


 



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