jueves, 1 de julio de 2021

4 horas de espera, un banquito y la foto

 

Todo eso es un resumen exacto de lo que es la fotografía política, es un generador y un calmante a la vez, de la ansiedad que genera a quienes están en el poder y que sienten esa necesidad de publicar y difundir lo que hacen.


El actual gobernador del estado de Michoacán, Silvano Aureoles acudió a Palacio Nacional a tocarle la puerta al presidente Andrés Manuel López Obrador para que le recibiera y atender su máximo interés de demostrarle que las elecciones pasadas tuvieron de involucrados a los del crimen organizado.

El gobernador fue como cualquier ciudadano a la Ciudad de México con una carpeta y las pruebas que él consideraba valiosas para presentarlas y desatar una revolución de acciones en contra de quienes permitieron que el crimen organizado interviniera en la elección.

Aureoles fue con su debido equipo de trabajo para que todos estuvieran al pendiente de si lo recibían o no, estas acciones no se producen de la noche a la mañana, ni mucho menos se acude con un banco.

Decía Susan Sontag que la fotografía es sobre todo un rito social, una protección contra la ansiedad y un instrumento de poder

Todo eso es un resumen exacto de lo que es la fotografía política, es un generador y un calmante a la vez, de la ansiedad que genera a quienes están en el poder y que sienten esa necesidad de publicar y difundir lo que hacen.

Porque es cierto que cada acción conlleva una razón, una justificación y un interés.

La fotografía se convierte en un instrumento de poder a la hora de resaltar y de reafirmar un mensaje directo, como el que hizo el gobernador de Michoacán. Él hizo un viaje para tener las fotografías que usted y yo vimos, no para que el presidente lo recibiera.

El entender y el actuar de López Obrador es más que claro y como bien lo sabemos, es muy fácil de predecir. Silvano Aureoles no iba a ser recibido, aunque todos los días presentara ante los medios y sus redes sociales, pruebas y diera declaraciones sobre el riesgo de que su estado y eventualmente nuestro país sea gobernado por el crimen organizado.

Aureoles acudió con un traje color azul formal, impecable, camisa blanca, corbata rosa o guinda, peinado meticulosamente, una carpeta, calcetines de los colores bien combinados y zapatos boleados sin ningún rastro de suciedad o raspón.

Él fue más que presentable, preocupado por su imagen y por el cómo iba a salir en las fotos. Al alguien seguramente se le ocurrió la brillante idea, porque en realidad hay que aplaudirle, de haber llevado un banco, porque eso de estar esperando de pie con unos zapatos tan incómodos iba a ser sumamente desgastante.

Porque claro, el traje tampoco hubiera ayudado para que se sentara directamente en el piso o en el mismo Zócalo capitalino.

El banco fue el más sencillo, color verde, de plástico e incluso podría suponer que quien lo eligió pensó que era el correcto porque así no iba a aparentar ningún tipo de lujo y lo haría ver simpático.

Pero pasa que quienes han ido a tocar la puerta de nuestro Palacio Nacional, no han sido recibidos ni por ir bien arreglados, ni por llevar un banquito, y esos sí que han soportado más de 4 horas para luchar por su causa y sus derechos.

Las fotografías que vimos fueron para la protección de la ansiedad del gobernador, para sus ganas de exhibirse, de dejarse ver con una carpeta de las que desconocemos si eran pruebas suficientes para que las elecciones en su estado se impugnaran.

Claro, el poder de la imagen no solo transcurre para Aureoles, sino para todos los que esperan que su foto circule en las redes, que la gente lo vea y se coloque una medalla de casi “mártir” por hacer un esfuerzo, sin esfuerzo.




Twitter: @Laura_Garza

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