viernes, 9 de julio de 2021

Caldo gordo, transformación flaca

El sexenio se le acabó a la mitad a López Obrador.



Del mismo modo anticipado que comenzó su sexenio, hoy nos encontramos relatando las peripecias de un presidente que por sí mismo barajea ya las cartas de quienes podrían ser sus sucesores, cuando aún no cumple oficialmente los tres años en el cargo.


Un mandatario que gobierna el país por las mañanas, pero que nadie sabe a qué se dedica por las tardes, dice no darse cita en lugares tan necesarios como Aguililla y Reynosa, por mencionar algunos, para "no hacer el caldo gordo" a opositores y prensa. Andrés Manuel parece ser el último en darse cuenta que el interés del pueblo está por encima de la crítica de los "adversarios".


Autoproclamado caudillo de una presunta transformación que aún no llega, López Obrador se pierde en las redes de un proyecto histórico que quiere ver en los libros de texto, pero que no tiene respaldo en la realidad, porque no ha sabido dar la cara a quienes verdaderamente necesitan su intervención: los enfermos sin tratamiento, sus madres, los padres, aquellos desvalidos, y las mujeres que son acosadas, maltratadas y asesinadas por el simple hecho de serlo.


En lo que sí se transformó México es en la peor versión de lo que el mismo Obrador, cuando candidato, denunció como los males que aquejaban al país. Sus simples respuestas al ser cuestionado acerca de sus estrategias fueron la profecía perfecta de quienes vimos al borracho que quiso ser cantinero: tenía identificados todos los problemas, pero no poseía ninguna de las soluciones. 


El presidente no se aparece más que por las mañanas, por las tardes y aún más por las noches, México es tierra de nadie, como en Aguililla, territorio en el que la Guardia Nacional se niega a patrullar una vez caído el sol.


Fanático del aplauso gratuito, pero hasta ahora antagonista de las soluciones, Andrés sigue encontrando las excusas para seguirle cargando al pasado los males de lo que ya es solamente su responsabilidad. Cada mañanera es un episodio de la posverdad en la que la información se ve superada por la interpretación de la misma, algo muy conveniente para el discurso, pero completamente en contrasentido de lo que un país tan complejo y con tan serias necesidades como México necesita.


Bien le haría al país que su presidente dejara de pensar en caldos gordos, porque la supuesta transformación está muy flaca. A México le urgen las soluciones a los problemas que bien apuntó tenían las gestiones de sus antecesores, sí, esos a los que ahora quiere juzgar, pero de los que aún no ha logrado separarse con verdaderos resultados.


Pasar del discurso al suceso es cosa seria, un imposible para la gestión de una 4T que no ha emprobrecido en prometer, pero cuyo fruto no termina de aparecer. México necesita un presidente que atienda todo el día y que se haga presente, no la versión política de un influencer, o de publicista del régimen.


Urge un dirigente que le preste entera atención a los problemas reales, y no a las críticas y encuestas

Orson Ge

Twitter: @Orsonjpg

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