viernes, 6 de agosto de 2021

El bache histórico

A los mexicanos les preocupan más los baches que la inseguridad, por lo menos así lo anunció la vocera de Comunicación de la Presidencia de la República Elizabeth García Vilchis el pasado miércoles. Se alzó más de una ceja por todo el país, en medio del sexenio con la cifra más alta de homicidios en las últimas tres décadas.



Al escribir esta columna, me inclino a pensar  que el principal bache de la historia de la democracia moderna, desde que existe la alternancia, pues, es la presente administración. "No es falso, pero exageran", reza el nouvelle classique también acuñado el pasado miércoles dentro del "quién es quién".


Esta administración cada día luce más agotada, estéril y por más aspavientos que se hagan desde el púlpito de Palacio Nacional, nada trasciende más allá de "la mañanera". López Obrador parece pensar que dictando la plana dentro de la suntuosidad del recinto puede mantener la batuta de todo el país y ha errado el camino dejando atrás a millones de mexicanos que le acompañaron mitin tras mitin de campaña, en los que les prometió resolverles todos y cada uno de sus problemas, cuando en realidad hoy les está dejando uno más grave: un país en terapia intensiva.


La premisa del todo durante su eterna candidatura, en la que parece seguir instalado, fue y es el combate a la corrupción, sin embargo, como lo hemos dicho antes, la realidad se come al discurso, al ver pasar mes tras mes un gobierno al que se le agota el tiempo y sólo ha atinado a realizar repasos acusatorios verbales de algunos de sus adversarios desde las prédicas tempraneras, pero sin una acción legal concreta que muestre interés alguno por ejercer un ápice de justicia, ni social, ni de otro tipo.  


Y si la 4T no combate la corrupción, ¿entonces qué hace?


No es falso, ni exagero cuando digo que en ocasiones sería deseable ver a esta administración trabajando a futuro, en lugar de tener permanentemente la vista clavada en el pasado, sin embargo se vienen a la mente los ejemplos del desabasto de gasolina, de medicamentos, y ahora el conflicto en el tema del gas, que tal vez resultaría más saludable dejarlos invertir el tiempo encontrando culpables para su incapacidad de dar continuidad a lo poco bueno que se hacía antes para declarar el sexenio perdido,  mejor brincar el bache histórico que está resultando esta supuesta transformación.


De seguir así, Andrés Manuel será recordado por una absurda paradoja, llegando a lo más alto a través del discurso del combate a la corrupción, pero pasando a la historia como el presidente que no pudo con ella.


Grave, porque la respuesta a todas los cuestionamientos acerca de sus planes futuros ha sido esa: el combate a la corrupción, y si no se completa esa asignatura, que está más pendiente que nunca, entonces el sexenio se fue a la basura.


Una verdadera lástima, porque hasta quienes siempre fuimos escépticos de su discurso pensamos que por lo menos sería este tema uno de los puños de hierro una vez que lució irreversible su llegada al poder; pudimos visualizar, tal vez como sus más cercanos adeptos, un Andrés Manuel férreo, con una voluntad inmarcesible no sólo por castigar a los villanos del pasado, sino también una cortina de acero para que éstos no volvieran a meterse donde México no los quiere.


Pero no fue así. 


Por el contrario, mientras caminamos por la administración nos topamos con inexplicables casos en los que se ha preferido desacreditar al mensajero que desmentir la realidad expuesta. Sandoval, Bartlett, Felipa, Pío y Martinazo se van quedando atrás en la historia, pero encajan perfectamente en la descripción de aquellos personajes que no deberían tener lugar en el panorama a futuro.


Sin combate a la corrupción no hay sexenio, y sin sexenio lo único que nos queda, es un bache histórico.


Creo es ese bache el que más preocupa a los mexicanos.


Orson Ge

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