viernes, 3 de septiembre de 2021

"Tengan para que aprendan"

A la mitad del camino, el informe presidencial resulta un ejercicio por demás abaratado.


Andrés Manuel López Obrador ha abusado tanto de la comunicación institucional desde la presidencia que ha convertido el tradicional informe en un esquema repetitivo, desgastado al límite y que no hace diferencia de sus también malbaratadas mañaneras, que desde el ojo crítico simplemente se conciben como un ejercicio propagandístico que con propósitos hipodérmicos no sorprende a nadie, y que a muchos simplemente ya no representa mayor interés.


Sin embargo lo que se muestra, es preocupante para un mandatario que se encuentra, como él mismo lo dice, a mitad del camino: El presidente no está peleado con la corrupción, ni con los enemigos del pueblo; está peleado con la realidad.


El país que se planteó el pasado miércoles es precisamente el que muchos esperaban que la gestión de López Obrador trajera: un México cuyos paradigmas se enfocaran al repudio a la corrupción, no solamente a los enemigos incómodos del pasado obradorista. Un México que diera prioridad a los pobres, y no que solamente les arrojara dinero para decir que "se ocupa" de ellos. Un México cuyo rumbo fuera cierto y dirigido por el interés popular, y no que fuera víctima de una agenda particular, cuyo mandamás desde un púlpito madrugador no atine en virar cuando la ruta a todas luces no es la correcta.


"Tengan para que aprendan", atisbó a quienes llama sus opositores cuando con vítores celebró indicadores económicos que en su mayoría son ajenos a su gestión. Especialmente hablando de las remesas. Si algo nos dice el aumento de las mismas es que aquellos mexicanos que tuvieron que dejar el terruño por falta de oportunidades, refuerzan su solidaridad con sus familiares y seres queridos, a quienes sustentan porque los pesos no les alcanzan, porque desde aquí no hay camino, porque México para muchos sectores sigue siendo "la fábrica de pobres".


Porque "dar para el gasto" puede reactivar la economía, hasta cierto límite, pero no crea valor agregado dentro de ella, sino por el contrario, aletarga a un sistema vivo, pero minado en su productividad.


Quien debería aprender, y dar reconocimiento a quien lo merece es el mismo presidente, a un Banco de México cuya cabeza es quien ha logrado tocar un máximo histórico en las reservas internacionales y que goza de una independencia constitucional que le ha permitido dar continuidad a un notable trabajo de sus predecesores, pero que poco tiene que ver con la política económica del Ejecutivo, lo que es más: Alejandro Díaz de León será sustituido en algunos meses, por no comulgar con las ideas del presidente, sin embargo, el tabasqueño ya se colgó la medalla que le corresponde solamente a él.


El desempeño de la Bolsa Mexicana de Valores, un indicador de la astucia y la audacia con que el empresariado sale adelante a pesar de encontrarse en un entorno de adversidad, falta de apoyo y encono, en el que muchos empresarios tuvieron dos pies sobre el cuello: la pandemia y la implacable política fiscal de López Obrador y Arturo Herrera, quienes no condonaron un solo peso, incluso en momentos de cero productividad.


¿Cuál es el éxito económico de un México que de tres años para acá tiene casi cuatro millones de nuevos pobres?


Este es el indicador que olvidó mencionar López Obrador en su mensaje del pasado miércoles, y que al final, se llevan esos millones de mexicanos a la cama todos los días, que les quita el sueño y que les arrebata el futuro.


¿Qué les va a decir a ellos, Señor Presidente? Ahí, cuando la realidad le gana al discurso, es cuando no podemos revirar con su nuevo clásico: "Tengan, para que aprendan".

 

Orson Ge

Twitter: @Orsonjpg

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